13.11.2015
Sala Sidecar - Barcelona

Los caprichos de la vida han hecho coincidir en el mismo fin de semana el concierto de Boni en Barcelona con mi despedida de Barricada en Pamplona, con 2 años de distancia. Esta efeméride personal llenó de imágenes mi cabeza del último bolo donde vi a Javier HernándezBoni” subido a un escenario, agitando los brazos, guitarra en alto, como un gladiador victorioso ante las 5000 personas que llenaban el Pabellón Anaitasuna. Pasado ese tiempo, después de un dilatado descanso y con un magnífico “Incandescente” bajo el brazo, nuestros destinos se volvían a cruzar en una situación muy diferente y, no sin algunas dudas, esperaba expectante el momento del reencuentro.

Una sala para unas 200 personas que no se acabó de llenar no era, a priori, el mejor escenario para alguien que ha pisado las mejores tablas de la Península y cuya influencia ha sido más que notable en la mayoría de grupos de rock surgidos a través de la consolidación de su banda madre. Los tiempos han cambiado y Boni sabe que tiene que empezar desde abajo, picando piedra, porque si un sector está verdaderamente en crisis en este país de países, no cabe duda que la “cultura” está escrita en mayúsculas y, por extensión, la música rock.

Abrieron la velada Malos Tragos, viejos conocidos del protagonista de la noche por sus múltiples colaboraciones. El grupo barcelonés está de doble actualidad en estos momentos, ya que además de sacar al mercado recientemente su último disco “Welcome to Hipsterland”, se ha publicado por fin su trabajo fantasma “Mundo perfecto” (1997), en una edición limitada para coleccionistas. En esta ocasión, se ciñeron al papel de teloneros, interpretando 9 temas que caldearon el ambiente, y de qué manera. En formato de trío, Los Malos salieron a agradar desde el primer acorde, así que “Rock and roll”, de su disco “Reacción”, del cual más tarde también caería “Creo”, fue la encargada de dar el pistoletazo de salida.


Entre bromas y algún problema con la afinación del bajo, fueron desgranando de manera brillante los temas de su último disco, como si de una informal presentación se tratara. “Chulería”, su reciente videosingle “Canaán” o el tema que da título al CD fueron interpretados con fuerza por la banda que capitanea Sergio Fuelcore, bien respaldado por Rubén Mesías y Delfín Lucea. Antes de despedirse, un guiño a su primer disco con “A remolque” y la versión de A-haTake on me”, que ponía punto final a su actuación. Sin duda supo a poco, esperamos poder verlos pronto en un concierto completo donde podamos degustar temas de toda su discografía.

Cambio de instrumentos, sala en principio de ebullición y Boni aparece encima del escenario con su guitarra y cargado con esa mochila de humildad con la que ha decidido acompañarse desde que decidió emprender este viaje en solitario. La gente, consciente, le recibe calurosamente y con ganas de mostrarle ese afecto especial que se tiene por los artistas que no sólo te han enseñado música. Y así es como el hombre se transforma en bestia, bestia de escenario, que sin duda le quedó pequeño, porque Boni demostró que ése es su hábitat natural. “Pruébame” dio el pistoletazo de salida y nos hizo sacar a todos la lengua, porque de saber sabía, y mucho, a eso que todos buscábamos al acercarnos a la sala Sidecar, para dar paso a temas como “Incandescente”, “Desakato” o “Cuchillas”, que fueron sucediéndose sin

apenas descanso, sólo interrumpidos por los breves, pero concisos, comentarios de Boni, que se mostró accesible en todo momento, sacudiéndose cualquier tentación de vivir de tiempos pasados. Pasó así el primer tramo del concierto, un bloque de ocho canciones completamente dedicado a repasar el disco que lo ha devuelto a la carretera, que permitió contemplar al artista y a los músicos que lo acompañan en toda su plenitud, al no tener el público todavía asimilados los textos e incluso, en algunos casos, ni las canciones.

Boni se empleó a fondo para dar lo mejor de sí y bajo mi parecer salió airoso del envite, manejó la guitarra con su peculiar estilo y soltura y puso de manifiesto que mantiene su voz a un gran nivel, más teniendo en cuenta que debido a las características de la sala, de no ser así se hubiera notado. Así pues, las vicisitudes de estos meses pasados y la incertidumbre de su carrera en solitario no han hecho mella en su estado de forma, a mi parecer magnífico.

Personalmente, me sorprendió que la banda que acompaña a Boni no fuera la que grabó el disco, aunque cumplió con creces su cometido, quedando en un hábil segundo plano para que Boni luciera todo el protagonismo de la actuación. Sonido crudo, compacto, notable a pesar de las condiciones de la sala, quedando Boni perfectamente arropado por esos tres músicos que cumplieron a todos los niveles.

La segunda parte del concierto permitió a los asistentes mayor interacción con el espectáculo, empezaron a caer temas de Barricada, pero con un criterio selectivo, huyendo de los clásicos, algo que yo agradecí enormemente. Tener la oportunidad de volver a escuchar canciones como “Bajo control”, “Callejón sin salida” o “A toda velocidad” incendió al personal, que respondimos cantando cada estrofa y coreando los estribillos como si nos fuera la vida en ello, como si no hubiera tregua, sabedores de lo difícil que será volver a escucharlos. “Aguardiente”, “Cierra los ojos” y “Por la libertad”, de los dos últimos discos de estudio de Barricada, se mezclaron con “Okupación” y “Pasión por el ruido”, siendo “Peligroso animal de compañía” la única representante de su primer disco en solitario, al cual da título. A mi modo de ver, la gente hubiera agradecido poder escuchar más temas de ese viejo disco del que no hubo presentación oficial y que ha quedado como una joya perdida hasta para el propio Boni. Esperemos que en el futuro, cuando pueda compensar más su repertorio sin la presión de presentar el disco, vaya incluyendo poco a poco novedades al respecto.

Cuando parecía que el concierto había llegado a su fin, una inesperada y efectiva “Esperando en un billar” amontonó a la concurrencia delante del escenario y facilitó que la valoración del público pasase del notable alto al excelente, conscientes todos los asistentes que disfrutamos

de una velada especial e íntima con uno de los artistas más relevantes del rock cantado en castellano, que antes de marchar tuvo la deferencia de salir a saludar y compartir conversación con todo aquél que así lo deseó, una muestra más de la sencillez y humildad que derrochó durante toda la velada. ¡Mucha suerte con tu proyecto, Boni!

Texto: David Domingo
Fotografías: Manuel Alférez

Fotos del concierto:
Malos Tragos
Boni