Tierra de Libertad + Hell House + Brigada Cobalto + Marcelino
Canvirock 2017 - Esplugues


10.06.2017
Canvirock 2017 - Esplugues


La paradoja es la auténtica idiosincrasia del vivir, la aparente actitud contraria a un hecho yendo contra la, no menos figurada, lógica, es el auténtico sino de la existencia. No en vano la teatral y tachada de fatalista frase “no nacemos, sino que empezamos a morir”, es una clara y acertadísima obviedad de ese absurdo, por cuanto a realmente inexplicable, que es la vida. Ese periplo obligado cuya duración siempre es inesperado, a veces eterno, y nunca predecible donde el infortunio, igualmente inevitable, puede llevar a situaciones extremas que, de nuevo paradójicamente, pueden ser nimiamente suavizadas gracias a la dádiva desinteresada a través del jolgorio y la algarabía. Ejemplo de ello, el pasado día diez de junio, por noveno año consecutivo de la mano de Gent Constructiva y Associació de Veïns de Can Vidalet, organizaron el Festival “CanviRock”, música, risas, diversión, comida y bebida con una única finalidad, aportar desinteresadamente comida para aquellos que el absurdo del día a día les ha dejado en situación precaria. En ésta novena cita, los grupos que aportaron desinteresadamente su granito de arena para crear un asistencia numerosa, fueron “Tierra de Libertad – Tributo a Medina Azahara”, “Hell House – Tributo a Guns N’ Roses” y “Brigada Cobalto”, además de la actuación de un, cuando menos, muy particular performance musical “Marcelino”.
Y, como a veces es inevitable, incluso cuando los técnicos cobran un sueldo que no era el caso ese día, hubo una serie de problemas que retrasaron la ascensión al entablado de los encargados de iniciar una tarde noche de tender una desinteresada mano, diversión y buena música, “Brigada Cobalto”.


Luis Ortega, bajo; Juan Mínguez, batería; Rafa Martínez, voz; y Sergio Palomo, guitarra; dieron inicio con su decano rock urbano, cuyos ritmos y letras describen perfectamente, no sólo el anhelo del músico a llegar hasta el último rincón del mundo para compartir su creación. Con la honradez del trabajador consciente de su lugar en el mundo, en la sociedad y, desde luego, en un ciclo de vida extremadamente injusto. Sino, y nunca un mejor lugar que ese CanviRock de recogida de alimentos, la necesidad de no cejar de luchar, de paladear cada bocanada de aire para disfrutar cada instante. De esa “Eléctrica Pasión” que es la música o cualquier otra sana “Adicción”, sin dar más importancia al riesgo que la que le dio “Bon Scott”, porque, no hay duda, sin peligro la vida no sería más que una estadía inerte, un “Virus” muerto de antemano. Y, si “Phil no murió”, qué mejor excusa que, por ejemplo, dejar el “Rock al volante” y dejarse llevar por todo tipo de vías, autopistas y calles, incluidas “Calle Azucena” y Cobalto. Aunados a esa “Brigada Cobalto” que arrasan el escenario conscientes que, a la larga, aquel Kobold sustituido por los gnomos como engaño a los sajones buscadores de plata, ha cobrado más importancia, casi, que el argento mineral, formando parte de superalieaciones de alto rendimiento.


Como el de ellos, cual “Elefante” sobre el entablado, sustituyendo el barrito del paquidermo por la rockera y profunda voz de Rafa. Recitando cada letra sin perder ni por un momento la atención del público, a quién no necesita incitar a moverse, pues sus ritmos son contagiosos, haciéndoles partícipes de su diversión. Apoyado por esos rasgados a las seis cuerdas de Sergio, esas manos de currante capaces de extraer un sonido imperecedero, asentado en la base rítmica de las cuatro cuerdas de Luis, iniciando en más de una ocasión con la gravedad de su golpeo más de un tema, y en esas baquetas de Juan, voladoras e ingrávidas según la necesaria cadencia o la explícita autoría. Rock de primera que, aun cuando debieron acortar su repertorio, a causa del retraso por problemas técnicos, consiguió sin esfuerzo, a causa de su jaez y calado, llevar al público a ese punto álgido, a veces inalcanzable, necesitado de más música, de más rock urbano como el suyo, el de “Brigada Cobalto”. Tras ellos, “Hell House – Tributo a Guns N’ Roses”.


Conformado por tres componentes locales y dos de esa Villa que, por mucho que crezca, jamás podrá abandonar el reconocimiento explícito e histórico de constituirse en lugar de recreo de esa estirpe que, aún hoy en día con bronceados artificiales, hacen gala de sus perennes y visibles venas azules y de su innegable exceso de tiempo libre del que, afortunadamente, el mundo del arte extrae mucho más provecho que, por ejemplo, en condados casi exentos de esa ralea confusa. Dani Midnite, voz; Charlie Rood, guitarra; Anxel P. Sol, Bajo; Marc Gálvez, guitarra; y J.E. Duclosson "Duclo", batería; ascendieron con la vindicación centralista como bandera obviando, en primer lugar, no encontrarse en la siempre Layetana ciudad, sino en el más que reconocido y fundamental municipio de Esplugues de Llobregat donde, por ejemplo, se escribió una de las obras claves de la literatura autóctona, “Calaix de Sastre”, manuscrito en la masía Can Cortada, hoy en día patrimonio histórico, por Rafael de Amat de Cortada y Sentjustí, más conocido por su título nobiliario, Barón de Maldá.


Lanzándose al repertorio de quince temas de aquella banda de Hard Rock que vivió hacinada en un reducido apartamento al que decidieron llamar “Hell House”, “Guns N’ Roses”. E incrementando el calorífico ambiente heredado de la primera banda, se lanzaron con “Nightrain”, “Mr. Browstone”, “It’s so easy”, “Move to the city”, “Don’t cry” o “Rocket Queen”, con el desparpajo del evidente acierto, hicieron vibrar a un público que, tras dejar alimentos, se unía a esa infalible fiesta de tributo a los clásicos de un grupo histórico y eterno. “New Rose”, “Attitude”, “You could be mine”, “Civil war” y, ese tributo de una ahora inmortal Banda que entonces hizo al siempre increíble y eterno Bob Dylan, “Knocking on Heavens door”. Para acabar con “Out that get me”, ese punteo inicial de “Sweet child O’Mine”, el parabién selvático de “Welcome to the jungle” y finalizar con ese apología a la corrupción de la ciudad de Los Ángeles, “Paradise City”. Una apuesta segura, llevada a cabo por un quinteto solidario cuya calidad consiguió hacer vibrar a un público entusiasta, “Hell House – Tributo a Guns N’ Roses”.

Inmediatamente después, ascendió un artista cuya interpretación de la realidad no sólo es extremadamente particular sino, quizá, demasiado mundana, “Marcelino”. Al micro y manejando un teclado repleto de ritmos grabados, presentó su show “A quién eyacula, dios le ayuda” que, en cierto modo y, desde luego, la reacción del público fue clara, al margen de reconocerle el esfuerzo que conlleva ascender a un entablado, poco más fueron capaces de mostrar, alejándose muchos y unos pocos, incluso abandonando el lugar. Quizá, no enteramente causado por la calidad de su espectáculo sino por no ser el momento y lugar adecuado para su representación. En cualquier caso, una vez finalizada su solidaria aportación, tomaron el entablado la última banda de la noche, “Tierra de Libertad – Tributo a Medina Azahara”.


Manu Jiménez, batería; Miguel del Arco, bajo; José Cuenca, guitarra; Isa Hernández, coro; Elo, teclado; Chema Serrano, voz; subieron con esa magia de “Al Andalus” del nordeste mediterráneo y, poco a poco, consiguieron calentar el ambiente e, incluso, hacer volver a muchos de los que se habían alejado. Abordando un repertorio de once temas de ese particular rock sureño de “Medina Azahara”, “Insomnia”, “Tierra de libertad”, “Velocidad”, “Juegos a media luz”, “Necesito respirar”, “Paseando por la mezquita” o “Toda esa gente”, consiguió que el desangelado festival volviera a vibrar y a llenarse de un público que, imbuido por la paradoja, tras la solidaridad, únicamente le importaba ese fin de cualquier festival, disfrutar y olvidar otra cosa que no sea reír, bailar, comer, beber y, desde luego, la música, la de una gran banda tributo, “Tierra de Libertad”.


Poniendo fin a la fiesta, con una buena cantidad de comida aportada, donde, una vez más, la auténtica idiosincrasia del vivir queda latente con la paradójica situación de ayudar a quién no está para fiestas reuniendo alrededor de un escenario a una ingente cantidad de personas con una única finalidad, aportar desinteresadamente comida a víctimas del absurdo del día a día. Y que, afortunadamente, por noveno año consecutivo “CanviRock”, de la mano de Gent Constructiva y Associació de Veïns de Can Vidalet, volvió a conseguir una aportación gracias a la participación desinteresada de “Tierra de Libertad”, “Hell House” “Marcelino” y “Brigada Cobalto”.

Texto: Yon Raga Kender
Fotosgrafías: Manuel Alferez