Dynamite + Wild Freedom
Sala Monasterio - Bcn


25.03.2017
Sala Monasterio - Barcelona


Thales y Anaxímenes de Mileto, Aristóteles y, desde luego, Zhang Heng tienen un punto en común, su interés académico y especulativo sobre la sismología. Esa ciencia de la geofísica que estudia los movimientos terrestres y la propagación de las ondas mecánicas generadas en el interior y la superficie del orbe, además del estudio de maremotos, marejadas asociadas y las vibraciones previas a las erupciones volcánicas. Evidentemente, ese estudio, al margen de antiguas creencias cargadas de culpabilidad culpando al poder se seres poderosos y vengativos, se topó con la paradoja del bien y del mal. No hay duda que los terremotos son causa de grandes catástrofes y desgracias humanas, sin embargo, conllevan beneficios como por ejemplo el surgimiento de yacimientos minerales, facilitan el acceso a combustibles fósiles o forman parte de un auto-reciclaje manteniendo un equilibrio terrestre en pro de la vida. Un favorecimiento vital cuyas ondas vibratorias, en ocasiones, no provienen del interior de la tierra, causando un alarmante estado de emergencia los centros sismológicos, incapaces de achacar la fuente del incesante. Como ocurrió el pasado día veinticinco de marzo, saltando todas las alarmas originadas en el Port Olímpic de la siempre layetana ciudad, más concretamente en una placa tectónica conocida como “Sala Monasterio” y a través de unas ondas recientemente descubiertas con el nombre de “Rock Chicks Concerts”, las cuales, siempre van acompañadas de auténticos y devastadores movimientos sísmicos. En ésta ocasión, fueron dos, “Dynamite” y “Wild Freedom”, el primero reconocido y temido desde hace unos años y el segundo, muy cercano, descubierto poco tiempo atrás, ambos pertenecientes a las ondas “P”, las cuales se propagan en todos los medios.


La laboriosa y temida noche para los sismólogos, comenzó con cinco perturbaciones temporales del campo de tensiones, Ian Wilde, vocal; Adryen Rock, guitarra; David Starblitz, bajo; Jimmy Q., guitarra; y Chris Carrest, batería; o lo que es igual, “Wild Freedom”. Una deliberada onda expansiva de Hard Rock y Heavy Metal que comenzó con “Prometheus” y “I’m (What You' re Afraid To Be!)”, pertenecientes, como todo su repertorio de la noche, salvo el tema final, a su último e inicial trabajo “Set The Night On Fire”. El siguiente temblor fue “No more gentlemen”, antes de “Steam”, “Ain’t comin home”, “Rockin’ the radio”, “Sturma und drang” y “Full of one”, en todos ellos Ian, hizo gala, no sólo su gran voz, capaz de arribar a grandes agudos, tampoco de ese desenfado fiestero implícito en la banda, sino de su talante.


Víctimas del constante desaire a los horarios de un público que, en su mayoría, a pesar de hacer efectiva la entrada con antelación, decide forzar a las bandas y, sobre todo, a las pequeñas salas a trastocar sus programaciones. Ian, como viendo siendo habitual, convirtió en parte del escenario toda la sala moviéndose entre el público mientras cantaba o escenificaba el rasgado de la guitarra. Interactuando constantemente con el respetable cuyo número iba aumentando, a los que enseñaba los estribillos para que cantasen con él e, incluso, compartiendo el micro para hacerles partícipes de su inquebrantable espectáculo y, sobre todo, de su música. Repleta de punteos y rasgados a manos de Adryen, viviendo cada vibración de sus seis cuerdas e, incluso, siendo esa púa que las recorre en una constante compaginación con el último fichaje de la banda, Jimmy Q. Convertido en estetoscopio de su instrumento, intercala rítmica y solista, completando esa atmósfera guitarrera apoyada y aderezada por las cuatro cuerdas de David, incapaz de articular palabra ante el micro, salvo en los coros que, como los demás, no ceja en ello. Pero protagonista indiscutible cuando de golpear el cuarteto de alambres se trata siempre atento a la cadencia de Chris, imparable con las baquetas derrochando una energía y una calidad insaciable e inagotable, mostrada, una vez más como el resto, en el último tema, “Last Call For Alcohol” una versión de ‘Hardcore Superstar’ y un tributo a la nacionalidad del siguiente grupo.


Wild Freedom”, montaraces ávidos de fiesta jactanciosos ante la posibilidad de componer cualquier tipo de tema baladí, esto es, baladas, se muestran satisfechos que no arrogantes con su música, conscientes que lo mejor siempre está por venir, hicieron temblar la sala y la mismísima ciudad layetana a la que pertenecen. Provocando que el respetable, cuyo número fue aumentando paulatinamente, quedara mucho más que gratamente satisfecho, seducido por ésta banda cuyo periplo, no ha hecho más que empezar. Como la insufrible pérdida de los sismólogos ante el repentino ceje de los temblores durante unos instantes, los pocos que necesitaron para preparase el cuarteto originario de aquellas tierras que dieron origen a un mundialmente conocido fabricante de muebles asequibles, “Dynamite”.


Mattis Karlsson, vocal y guitarra; Jonás Hagström, batería; Adam Butler, bajo; y Sebastian Hed-Plikas, guitarra; también pertenecientes a esas ondas “P”, las cuales se propagan en todos los medios, comenzaron con una sacudida de las placas tectónicas, una “Intro” que preparó las bases para el primer tema, “Wild And Untame”, perteneciente al último trabajo "Blackout Station" y “Stone heart rebel”, del anterior,  "Lock n 'Load", como “Dynamite”, “Turn up the heat” y “Long way home”. De nuevo, los cimientos de toda la ciudad, se resintieron ésta vez, con la armoniosa brutalidad de las baquetas de Jonás, golpeando los parches cual sonidos de una erupción volcánica. Las agrietadoras notas de la media docena de alambres de Sebastián, cuya agudeza de punteos y rasgados era capaz de abrir hendiduras hasta los oscuros abismos.


O Adam, quién impone una duda subyugante, la certeza de que la causa de los tsunamis que provocan la gravedad de su sonido, se deba a éste o al imparable movimiento repleto de continuos saltos, si bien, donde no hay duda alguna, es en la inexplicable y extraordinaria capacidad para no cejar de golpear las cuatro cuerdas sin errar una sola nota. Y, desde luego, el falsete rasposo de Mattis, cuya potencia de choque, siempre acompañada por las no menos devastadoras ondas de su guitarra, crea un levantamiento de tierras que acerca al respetable, aun arribando a la sala, hasta el borde del escenario donde sentir de primera mano ese cúmulo estremecedor en que convierten el puro rock’n’Roll, “Dynamite”.


A lo largo de los dieciséis temas que componían el repertorio hasta llegar a ese último, “Gone Wild” donde, como en otros temas, Mattis se dejó llevar por la inherente sacudida de los punteos de su guitarra, cayendo al suelo de rodillas poseído completamente por las media docena de alambres, mientras el resto, no podía por menos que intentar paliar esa fuerza comidiendo, no su posesión sino sus movimientos. Un final sísmico que, lejos de arrasar al respetable, le colmó de una energía ensalzadora como únicamente puede hacerlo éste cuarteto de allende el mar del Norte, “Dynamite”. En una noche fulminante creadora de nuevos adeptos a esas ondas “P” que descolocaron, una vez más, a los sismólogos incapaces de esclarecer el fenómeno semanal de la fluctuante placa tectónica conocida como “Sala Monasterio” y, aún menos, los devastadores movimientos sísmicos acompañados de inconfundibles gritos humanos, éstos no de agonía, sino de efusividad y alegría, conocidos como “Dynamite” y “Wild Freedom”.

Texto: Yon Raga Kender
Fotografías: Manuel Alférez