Gatillazo + Zerzedilla + Qutr3s
Salamandra - L´Hospitalet de Llob.


22.02.2019
Salamandra - L´Hospitalet de Llobregat


Tiene que joder, y mucho, que el estereotipo del filósofo o analista social de luenga barba y gafas de pasta quede completamente roto por un norteño con camiseta deportiva, grandes orejas repletas de perforaciones y expresividad siempre presta al “¡Me cagüendios!”. Tiene que joder, y mucho, que alguien que ironiza con lo dura que es la vida del artista, haya sido imposible de desbancar y arrinconar cuando, en teoría, pasó su tiempo de beneplácito político y policial una vez las drogas dejaron de ser un arma de control estatal. Es inaudito, y por ello tiene que joder, y mucho, que sin necesidad de pompa y mucho menos anhelo alguno de convertirse en referente de nada, desvelé la encubierta esclavitud en pleno siglo veintiuno evidenciando que no sólo es culpa de los que aplastan y roban, sino de esos vecinos, unos imbéciles descerebrados ávidos de aprehender lo que no necesitan. Tiene que joder, y mucho, no sólo que haya incontables rebeldes con el lema “nunca más obedecer”, sino que no haya un solo punto de ésta despiadada tierra de conejos que no espere albergar, en alguna de sus salas, ese tiro en la frente del trabucazo norteño. Una de ellas, y también tiene que joder, y mucho, es la Sala Salamandra, situada en aquellas tierras, junto a la siempre Layetana ciudad, cuya población creció alrededor de una Torre Blanca. Donde, el pasado día veintidós de febrero, como primera fecha del zambombazo nórdico, arropado por dos bandas que, claro, intentan joder, y mucho, “Zerzedilla” y “Qutr3s”, volvió a arrasar, no ya las mentes de los presentes, tan “jodidas y jodientes” como las suyas, si no la de todos aquellos que, aunque no pueden estar presentes porque reventaría su puta mente, les jode y mucho, “Gatillazo”.


Comenzaron jodiendo, y mucho, los del pestilente Baix Llobregat, “Qutr3s”, Jordi Térmens, guitarra y voz; Diego Vergara, bajo; Marc Lapuente, guitarra; y Jordi Castán, batería; con diecisiete temas preparados, de los cuales tocaron dieciséis, empezaron con “¿Quién mata a Sam el Enano?” y acabaron con “Las Malvinas”, iniciando la jodienda con esos “tiritos” directos al cerebro que evidencian el mal de ésta puta sociedad.


Rápidamente, los del arroyo de chopos con inspiración centro-mesetaria, “Zerzedilla”, Toni, vocal; Luis, bajo; Félix, guitarra; y Fran, batería; se lanzaron a los diecinueve “temas que tenían preparados para esa noche. Cargados con la inquina de la denuncia y acompañados por los trazos de Manolito Rastaman, lanzador de tintura al lienzo, finalizando con “El espíritu del Oi”, antes de dar paso a quien tiene que joder, y mucho, “Gatillazo”.


Los de Euskal Herria, Evaristo, voz; Txiki, guitarra; Mikel, bajo; Ángel, guitarra y Tripi, batería; se lanzaron a apabullar, esto es, joder, y mucho, con los cinco cartuchos, un total de treinta y tres balas, que tenían preparados para esa segunda noche hospitalense. Denunciando que el mundo sigue lleno de zombis viviendo en plena libertad en “Parques y Jardines”, antes de declarar frente a “El Sr. Juez” una vez que el conducto anal reventó de tanto amor y le dieron gasolina al patrón. Para mostrar claramente ese círculo del “Capitalismo” del que no pueden salir, anhelando “Un minuto en Libertad” pa’burrirse de vivir, sin tener miedo a morir y excretar tantos dioses metidos en el culo al son del “Fóllate al líder”. Y olvidar que la democracia nunca pide perdón y te “Tortura” para salvar la puta nación al ritmo del “Cuacua cuacua cuacua” del “Lucky man for you” que vende a cuarenta pavos la reliquia, frente a una policía unidireccional a la que únicamente es posible espetar -¡No te rías de mí!-, e intentar dar “La última patada” porque si se equivocan ésta vez, estamos muertos.


Aunque quienes no estaban muertos eran, no sólo el público, algunos auténticos toca huevos sobre el escenario, sin dejar de bailar y corear cada una de las letras de Txiki, Mikel, Ángel, Tripi y Evaristo, éste último, no tan joven como los cuatro restantes, pero con una energía casi adolescente. Y, eso, su vitalidad y disfrute sobre el escenario, tiene que joder, y mucho, porque Evaristo no intenta volver a sus veinte años, no se autohomenajea sobre el entablado. Es él con su más de medio siglo creyendo y apoyando cada una de las palabras y frases de sus canciones que, como él, han evolucionado sin dejar atrás más de un bendito “Me cagüensusmuertos”, “Su puta madre” o “Penoso cabrón”, siempre “Desde el cariño” para más de un maldito payaso.


Sin olvidar jamás a aquellos que no eran mártires ni héroes, que sólo fueron a luchar, con la rabia de los pobres contra el fascismo brutal y que tiraron como a perros en una “Fosa común”. “No love”, ¡Mierda!, porque eres pobre, porque eres puta, porque eres negro, por tu cultura, porque es “Otra canción para la policía” o para aquellos y para los actuales fascistas. Con los que no tienen “Nada que ver” y les tratan como mus en su jodida vida y, ésta, la vida, consiste en vivir ahogados en odio y el deseo de “Mucha muerte”. Ese descanso eterno que Gatillazo aprovechó, no para morir, sino para reposar un instante de ese ritmo frenético de su punk eterno representativo, únicamente, del intelecto revulsivo cargado de letras tras las cuales sólo hay papel. Porque su claridad, habla son la dureza y la simpleza de “Cómo convertirse en nada” en esas ciudades que se comen a su propia gente, o sin citar a Galileo Galilei con su “E Por Si Muove”, evidenciar que aunque se caguen en la hostia, su conocimiento les permite ironizar con la protección policial y aquella abjuración ante la Santa Inquisición.


Un “Fascículo” histórico, ambos en cada momento, con la tortura y la guerra sucia y con el apoyo judicial en el siglo XXI, igual que en el XVIII, la Edad Media está a tu alcance, si te esfuerzas lo bastante. Y aún con un pensamiento existencial, un “Bla, bla, Bar” al que el camarero responderá que no le vayan con chorradas y que no le toquen los huevos, Gatillazo, lo sustenta, la mayoría de tus vecinos seguirán queriendo ser “Nº 1 en USA”. Y tarareando el “Dubidubidubi” soñaran con convertirse en el más salvaje follador y tener “Porno en acción”. Mientras nuestros muchachos disparando democracia con “El Poder del Metal”, con el pecho tatuado con amor de madre y un puñal de dolor atravesando el corazón en honor de “La Familia Unida”. Se enfrentaran a quien protege a su rey bobo y a bancos depredadores “Underdog”, esto es, perros policías que nos tratarán como a idiotas hasta que caigamos muertos, si antes no se canta “La Jota de la derrota” y tocamos retirada.


A escuchar aquella historia que “SKK” y habla de una transición, aquel pacto entre cobardes pa’jodernos bien que a “Txus”, que piensa que esto no puede ser, esto no hay quién lo aguante y tiene que llevarse a alguien por delante en una explosión social. Se convierte en el lema base del grupo, que sólo “Hemos venido a divertirnos” y, más, si los Gatillazo han llegado a la ciudad, los putos gremlins la van a preparar, porque son “Casi famosos” y no quieren conseguir el equilibrio en su interior, como los “Pijos Powers”. Con ese pedazo de carro pa’que te mueras de envidia, fracasao o, lo que es igual, para que esos “Esclavos del Siglo XXI”, queden atrapados en el precio de una crisis eterna. Esa que jamás pillara a “Jhonny” porque es un cretino que maneja un bombardero y no al ritmo de la Jota de Evaristo, en la que se pregunta cómo es que eres tan borrico, mercenario gilipollas que trabajas para el rico por los huesos y las sobras.


Podría estar hablando de “Seguratas blindados” pero, es el público quién pone nombre a los aludidos, antes de lanzarse a corear que el tío Marx está podrido, tío Mao esta cagao, Jesucristo está en mi culo y Buda en mi oreja, Hitler tiene sucesores y nadie los ve ¡”Odio a los partidos”, fuego a las banderas! Y aunque no había tela para quemar, la sala ya se había convertido en un infierno a ese punto final del concierto, donde, de nuevo, algunos toca huevos intentaron acaparar a Evaristo sobre el escenario, como si fuese un pelele de circo, y tanto él, como Txiki, Mikel, Ángel y Tripi, son mucho más que un simple entretenimiento con los que posar. Gatillazo, tiene que joder, y mucho, quizá sea uno de los últimos bastiones de la toma de realidad de la gran farsa en la que vivimos. Y, cómo tal, tiene que joder y mucho, lamentablemente para unos cuantos muchos, siguen ahí disparando obuses, que no balas de fogueo, de ráfagas continuadas en un eterno y férreo “Gatillazo”.

Texto: Yon Raga Kender
Fotografías: Manuel Alferez