Haram + Una Bèstia Incontrolable + Nueva Fuerza
Sala Monasterio - Bcn


25.10.2017
Sala Monasterio - Barcelona


Hace cincuenta y tres años vio la luz un tema de Bob Dylan que, éste, un año más tarde resumió con "No puedo decir que los adultos no entienden a los jóvenes como se puede decir que los peces grandes no entienden a los peces pequeños. The Times They are a Changinno es una declaración... Es un sentimiento" Y, no hay duda lamentablemente, esa conmiseración sigue en vigor hoy en día, con unos jóvenes incapaces de entender la estulticia de unos adultos que han olvidado la comprensión de su juventud. Que han convertido la simpleza de la aprehensión lozana, de aquel dos más dos cuyo resultado era un indiscutible cuatro, en complejas interpretaciones aritméticas que, lejos de llevarles a la evidencia de un discernimiento lógico, les transporta a complicadas cábalas que nada tienen que ver con la realidad. No sólo es ese más de medio siglo escuchando el eterno tema de Dylan, inexplicablemente, casi desde que el hombre recuerda, ese tema existe como banda sonora de unos tiempos que siempre están cambiando pero nunca lo hacen. “They times are a Changin” es el inservible reflejo del inaceptado carácter humano, de esa piedra en la que tropieza generación tras generación la inexplicable falta de aquiescencia de una especie que habla de superación pero, cada vez más, se reboza en el reflujo de su propia involución. Y, cada nueva promoción, se ve obligada, casi con el talante de aquel inflexible Coronel Jessup interpretado por Jack Nicholson frente a Tom Cruise, a espetar con vehemencia de una u otra forma, “You can’t handle the truth!" (¡Tú no puedes encajar la verdad!). Una veracidad que se halla presente en sus letras y en su apostura, bien diferenciadas, en las tres bandas que, el pasado día veinticinco de octubre, se reunieron en la no menos declarativa Sala Monasterio en el Port Olímpic de la siempre Layetana ciudad, “Haram”, “Una Bèstia Incontrolable” y “Nueva Fuerza”.
Los primeros en ascender al entablado con el estandarte de generación conminativa exigiendo la devolución de su dignidad fueron “Nueva Fuerza”.


David, vocal; Marc, guitarra; Carlos, bajo; y Xabi, batería; como si su vida acabase de empezar arrollaron prácticamente al público con su hardcore punk moderno. Nuevos aires que ni por un momento denuestan sus orígenes, sino que lo llevan a un nivel contemporáneo y espídico a base de agua mineral y una fuerza arrasadora iniciada esa noche con “Mundo Material”, apercibiendo contra el zumbido de las palabras de corazones muertos insuflados por mentes valoradas en dinero. A las que enfrentar con “La Nueva Fuerza” que romperá un mundo degenerado como sus tres siguientes temas, pertenecientes a su nuevo trabajo aún inédito y sin nombre, ideados y espetados con el augurio de un nuevo cambio, limpio de suciedad y repleto de la misma rabia con que David agarra el micro.


Esculpiendo cada palabra a golpe del cincel de su ímpetu, contrastado con la figurada calma de Marc, rasgando las seis cuerdas a un ritmo frenético apoyado por Carlos, cuyas cuatro cuerdas expulsan la gravedad con la misma vehemencia, sin perder la cadencia, de la arrebatada sacudida de los veloces palos de Xabi. Asemejando que esa rabiosa energía novel jamás pueda detenerse y tomar aliento pero, esa noche, no por hálito, sino por tiempos, se detuvieron, arrancando una exultante ovación de un respetable que, parte de él aun descubriéndolos esa noche, no olvidara a éstos insólitos insurrectos, “Nueva Fuerza”. Un flamante brío cargado de auge fogueado con el que, sin necesitarlo, aunaron y engrosaron los siguientes en ascender al escenario, “Una Bèstia Incontrolable”.


El Muro, guitarra; Incontrolable, voz; El Muerte, bajo; y Letxon, batería; iniciaron con “Nosaltres som la carn”, como primer tema de los diez que tenían preparados para esa noche, éste y tres más, pertenecientes a su último trabajo, “Metamorfosi”, con el que se encuentran en plena gira de presentación y recién llegados de tierras del norteño Nuevo Mundo donde han estado esparciendo su inconformismo. Su denuncia cargada con el carácter de Josep Plá y la rabia y la lengua de “Els Almogàvers” se afianzan aun mostrando un toque “Vulnerable” bajo el “Abric de Plom” que les protege un cuerpo lleno de heridas, huesos rotos y piel quemada en una aparente conclusión, “No hi ha esperança”.


Enzarzada en ese sonido oscuro y pesado donde la guitarra de “El Muro” crea una empalizada de sonido saturado apoyado en la profunda gravedad de las cuatro cuerdas de “El Muerte” escapándose por momentos de la contundente cadencia de Letxon, exhausto haciendo volar las baquetas y refrescándose sin resuello entre tema y tema al son de las eternas reverberaciones de la poderosa voz de “Incontrolable”, recitando cada palabra como si echase tuero tras tuero en “La Primera Foguera”. En una “Metamorfosi” que, lejos de dejar al grupo “Tot sol”, provoca que el público acompañe sus letras y se mueva con ese hardcore punk y psicodelia punk transportador a un “Nou Mon”, donde expulsar, entre otras, dos cosas, “Runes, decadencias” donde huir de “A les seves mans”, de las piedras y herramientas afiladas, de las lanzas preparadas y, esa noche, convertir en víctimas, no del miedo, sino de su contundente directo, a un respetable que, una vez más, quedó aprehendido en sus manos en esas desproporcionadas zarpas de “La Bèstia Incontrolable”. Cuya garra impregnó aún más la sala de ensalzamiento y delación social llevada al límite por los siguientes y últimos querelladores y detractores de ese comportamiento baladí de las sociedades adultas, “Haram”.


Nader Habibi, voz; Mike Gallant, guitarra; James Stuart, batería; y Martin O'Sullivan, el bajo, con la pátina de aquel pueblo al que pertenece el vocal, heredero de la siempre comercial Fenicia y el carácter de la ciudad más poblada del septentrional Nuevo Mundo comenzaron con el primero de los dos temas de su último trabajo, “When you have won, you have lost”, incluidos en los doce del repertorio de esa noche, “American Police”, con el que ya pusieron al respetable, que atestaba la sala, en posición de guerra. Armados con sus propios cuerpos siguiendo las contundentes maniobras del “pogo”, se dejaron arrastrar por la descomunal apisonadora de éste hardcore punk con influencia gótica y del hardcore ochentero japonés cargado de reminiscencias árabes. Doce dosis de pura adrenalina anti-extremista reveladora de una confusión doctrinal y social que, lejos de quedar remitida a su originaria ciudad, se halla latente en el mundo entero, expresadas con rabia y firmeza por Nader, vociferando al micro como si éste representase el objetivo de sus dardos cuya estela está cargada de la gravedad más que cadenciosa de las cuatro cuerdas de Martin. Alzando el mástil de su bajo cual si éste se tratase de un arma en primera fila de batalla respaldada por los insurgentes y despiadados cañonazos de las baquetas de James, no sólo marcando el ritmo, amparados por las seis cuerdas de Mike, capaz de crear un escudo que, lejos de proteger, arrasa con la agudeza de sus rasgados.


Hasta llegar al apoteósico final con “Blood” y “What is this Hell?”, destrozando por completo la Sala Monasterio, cual onda expansiva donde únicamente, el respetable, insaciable y cargado con la contundencia y cólera de la incomprensión hacia ese grotesco comportamiento adulto de “Haram”, cayó, momentáneamente en el vacío. En el repentino silencio tras acabar ese postrero interrogante sobre el averno, cuando el eco de la última nota fue apagado por la vuelta en sí del público que, como con los dos grupos anteriores, pudieron acercarse a éstos ciclópeos músicos de allende el océano. Y, no descubrir, sino aseverar la familiaridad y la camaradería de unos jóvenes, las tres bandas, capaces de reivindicar con furia una sentencia, ‘The Times They are a Changin’, que lamentablemente sigue sin hacerse realidad pero que ellos, con el mismo talante del compositor del tema, se niegan a aceptar, “Haram”, “Una Bèstia Incontrolable” y “Nueva Fuerza”.

Texto: Yon Raga Kender
Fotografías: Manuel Alferez