"Hard Buds + Black Thunders"
Sala Monasterio - Bcn


17.06.2016
Sala Monasterio - Barcelona

La vehemencia de la pasión puede dominar la voluntad y perturbar el raciocinio hasta tal punto, que la visión de una hez atravesada por una marchita rama en mitad de la acera puede parecer una obra de arte digna del talento de Miguel Ángel. Si bien es cierto que, sin pasión, la vida asemeja una fría plancha de latón donde, aún deformada y como único recurso, alabar el distorsionado reflejo del rostro como reverberación de la ínfima existencia. Esa necesitada del arrebato y el delirio, del entusiasmo del ímpetu que arrastra y arrostra cualquier desafío, o bien, una predilección convertida en extensión de la persona. Un estado, el de la pasión, capaz de llevar al éxtasis con el simple roce de un pincel, un cincel o un metálico cordel como inicio de un postrero resultado que, en contadas ocasiones, puede ser embriagador y digno del rasero de aquel que, entre otras cosas, dejo su sello en la construcción que guarda los restos del que, dicen, negó tres veces antes del canto del gallo. Y, también antes de que cantara el gallo, si bien en un lugar muy alejado del sarcófago y de cualquier granja, en el oreado Port Olímpic de la siempre layetana ciudad. Concretamente en el treinta y uno del Moll de Mestral, en la no menos pasional Sala Monasterio, el pasado día diecisiete de junio, ascendieron al bregado y empírico escenario, dos bandas, “Hard Buds” y “Black Thunders”, cuyo resultado de su pasión se encuentra entre las contadas ocasiones dignas del rasero del autor del fresco de “La Creación de Adán”. Aquel que, a buen seguro, habría disfrutado con la efusividad de la primera de las dos bandas, los locales “Black Thunders”.


Tiger
, voz y guitarra; Crow, bajo y coros, Dog, guitarra solista; y Demon, batería; se lanzaron a su personal rock & roll tocado de Hard Rock, con doce temas, la mayoría de su último trabajo “Serpents of the Lord”, comenzando por “Angels of the Devil”, de uno de sus primeros discos, “Falling Down”, “Born to rock” o “Electric fire” con la capacitada virulencia de Tiger, con o sin chaleco rojo, clamando bajo la gorra de plato sin dejar de rasgar los metálicos cordeles.


Bad lover”, “R’N’R World”, “Calaveras train” o “Black Thunders” su identificativo tema con potentes rasgados, donde Dog, asomando bajo su larga melena sin dejar de admirar su guitarra consigue hacerla gritar en un potente punteo, mucho más agudo que el que emitirán las cuatro cuerdas del bajo de Crow, cuando abandona la cadencia de las etéreas baquetas de Demon. “Flesh”, “Acelerando”, “Little Devil” y, finalmente, “Crucified for R’N’R”, pusieron fin a su actuación de rock macarra y visceral de los vehementemente capacitados, “Black Thunders”. Dejando paso a los gironeses, “Hard Buds”.


Robert García
, voz y guitarra; Txus García, guitarra; Alex Rocha, bajo; y Marc Rulló, batería; auténticos Miguel Ángel del hard rock con un toque heavy, unas afables bestias que cuando ascienden al entablado se convierten en displicentes monstruos de la más que buena música. Que iniciaron con una tormenta eléctrica, “Thunderstorm”, que no cejó hasta el bis del catorceavo tema final, “Are yo ready”, “Welcome to our Hell”, “Take the money and run” coronadas por la potente y característica voz del expresivo Robert, sin dejar de rasgar las seis cuerdas de su guitarra que, lejos de competir, batalla con la de Txus, cuyos dedos no se pierden en los cables de su instrumento. Bien al contrario, sus apéndices recorren el mástil mientras la púa parece tener vida propia y hablar, en largos y cortos monólogos a los que, Álex, completamente poseído por las cuerdas de su bajo, parece levitar salto a salto, adelante y atrás, sin perder una sola de las notas.


Apoyadas por el imparable ritmo marcado por los palos de Marc, capaz de hacer que bombos y platos, extraigan esa base de la que, aun escapándose en alguna que otra ocasión, continúa marcando el camino, no sólo hacia esa versión “Riff Raff” de AC/DC, convirtiéndolo en propio. Sino hacia todos, “Memories from the train”, “You raped the rock”, “Devil Dance”, “Take it easy”, “Play or die”, “It’s rock and roll”, “Fireballs” y “Wake me up”. Un espectáculo al más puro estilo de alguna de aquellas bandas de las que han aprendido y que llenan estadios de fútbol, a las que casi se les exige no dejar de tocar. Como hizo el público que casi llenaba la empírica Sala Monasterio, incapaces de alejarse de los ritmos y la exhibición de rabia, talento y personalidad de los gironeses.


Les arrancaron un último bis, de nuevo ese himno a su música, “It’s rock and roll”, que define a la perfección a “Hard Buds”, sorprendentemente asombrados, después de siete años de inmejorable labor, cuando, una vez descendidos del escenario, fueron más que agasajados por su público habitual y un buen número de nobeles que les descubrieron en esa inolvidable velada. Una noche, donde el rasero estuvo más que a la altura de aquel memorable genio que dejó una enorme impronta en la historia del arte, en una de las salas de referencia de la música local e internacional, Sala Monasterio. Con dos bandas cuya vehemente pasión fue dominada por la innata voluntad de su desproporcionado talento, “Black Thunders” y “Hard Buds”.

Texto: Yon Raga Kender
Fotografías: Manuel Alférez