Karefalso + Dullboozer + SOT
Sala Monasterio - Bcn


04.05.2017
Sala Monasterio - Barcelona

La noche es ese período durante el cual reina la oscuridad convertido por el ser humano en obscuridad, posiblemente por la indeleble huella de su aumentada fragilidad en aquella lejana época donde carecía de armas de fuego y era víctima más que propicia de los grandes depredadores nocturnos. De ahí, probablemente, la necesaria invención de ese negro escenario plagado de seres fantásticos ensimismados en acabar, no sólo con la vida de ocasionales u osados montaraces transgresores de la etapa del sueño, sino, incluso, de lugareños acomodados en sus hogares donde, arbitrariamente, esas quimeras de la obscuridad deciden asentarse. Es decir, de aquella indiscutible necesidad de miedo en pos de la indispensable necesidad de mantener a salvo la especie, se pasó a esa inexplicable perniciosidad de la noche, convirtiendo cada minuto de falta de luz en instantes de flaqueza y exposición al lado oscuro. Ese que, musicalmente, está muy ligado al metal, quizá no tanto el Hardcore metal, pero, desde luego, sí y mucho el Death Metal. Ambos estilos, fue posible disfrutarlos el pasado día cuatro de mayo, de la mano de “La Inmensa Minoría” y “Maite Cardó Produccions”, formando parte del “Hunting the Human Kind Fest”, en la más que noctámbula “Sala Monasterio”, con “Karefalso”, “Dullboozer” y “SOT”. Tres bandas muy alejadas de ese pavor injustificado a la oscuridad en la cual se encuentran, aún más, cómodamente que los inconcebibles seres malignos con los que el ideario popular la ha plagado. Y, cual azote de las distintas áreas denuncia de la sociedad, comenzó en su particular inaugural concierto “SOT”.


SOT, compuesto por Joan Muñoz, vocal; Pablo Araya, guitarra; José Contreras, batería; Miguel ángel Carmona, guitarra; y Carlos Sánchez, bajo: ascendieron al entablado con unos imperceptibles nervios de su primer concierto como banda que, lejos de llevarles por los tétricos senderos del pavor a la oscuridad, esgrimieron su “Warsong” particular y brindaron un concierto digno de cualquier banda veterana. Autores de los diez temas que constituía su repertorio, acompañados en todo momento por esos sonidos de guerra, se lanzaron a “Not with you”, “Hunting the humankind” y “War hostility” guiados por esa gutural voz de Joan, con los diferentes tonos de growl, sin dejar de interactuar con un público que, aún acostumbrado al Deth Metal, se sorprendía ante el cambio de voz cuando éste interactuaba con ellos. Si bien, ya enfocados en “Living death”, “Day of thousand flames” y “Going fast”, el respetable se unía a Joan, descendido del escenario, a bailar mosh pit, similar al pogo, mientras los hábiles y rápidos dedos de Pablo y Miguel Ángel, recorrían vertiginosa y talentosamente las seis cuerdas de sus respectivos instrumentos.


Creando un paredón rítmico que, lejos de chocar con la no menos meritoria fortificación armónica de las voladoras baquetas de José y la sorprendente calidad de Carlos, primer concierto de su vida tras hacer un año que comenzó a tocar el único instrumento que ha exprimido en su vida, el bajo. Conformaban esa indispensable muralla sónica alrededor de la almena vocal generadora de ese todo Deth Metal que continúo con “Beholder of the brain”, “Until earyh do us a part” y acabó en un alegato nada apólogico y bien directo no sólo a ese seseante dirigente electo, supuestamente, por sufragio universal sino a todos sus envilecidos colegas con “Banish the rulers”. Un fin nada oscuro, bien al contrario, que dejó, no hay duda, a todos sus recientes descubridores con un más que buen sabor de boca, anhelantes de continuar escuchando el azote de una banda cuyo inicio le ha dejado a sí misma un listón muy alto, “SOT”. Tras ellos, Dullboozer.


Álex Serra, guitarra; Marc Arévalo Prieto, voz y bajo; Axel Iron, guitarra rítmica; y Pepo Lagarda, batería; abrazaron al respetable con un repertorio de once temas donde, ocho, pertenecen a su último trabajo, “Embrace the darkness”. Envolviendo la sala con el sonido de la mola afilando las hachas para la batalla del fin del mundo, “Raknarok” comenzaron apabullantes a punto de derribar los botelleros de la barra y, con ellas, a ese respetable que, no hay duda, eufórico apenas conseguía mantenerse quieto. “The blackening”, “Butchered” y “Under black skies we battle”, convirtieron la sala en auténtico campo de batalla donde la ‘fastigiata testudo’, esa conglomeración de escudos, creada por Pepo con el sonido de sus baquetas es apoyada por esa miríada de lanzas de las seis cuerdas de Serra y Axel y los cuatro alambres de Marc, además de la gravedad de sus ‘growls’ anulando la voluntad de un respetable ansiado de siempre de más.


Y, ese más, llega en “Dressed to kill”, porque Marc entrega a Axel su bajo y se lanza a bailar mosh pit entre un público que ya no podría detenerse. “Cursed by sorrow”. “Last delusion” y “Baphomet” antes de los dos bises, “Wolf” y “Embrance the darkness”. Éste último, no sólo da título a ese último y gran trabajo, sino que, además, define por completo el carácter de ésta banda capaz de arrasar con su música allí donde vaya. Abarcando con su innata oscuridad, habitada por la encarnización de ese imaginario popular, las vastas llanuras, los tupidos bosques y, desde luego, las atestadas salas con sus apabullantes ondas, “Dullboozer”. Un eco apagado, que no anulado, por los siguientes en ascender al entablado, unos oscuros denunciantes de la ignominia con su beligerante hardcore metal, “Karefalso”.


Pablo Araya, vocal y guitarra; Cristopher Sayago, bajo y voz; y José Contreras, batería; peregrinos del mundo abocados al capricho de las circunstancias se lanzaron a un repertorio de diez temas, algunos de su último trabajo a punto de ser editado. Comenzaron con “Persecución”, dejando bien a las claras el talante de su carácter emitido con ese incansable ritmo frenético marcado por la precisa cadencia de las baquetas de José, cargadas con el poder y la razón endurecida y desangrada. Al compás de ese bajo de seis cuerdas golpeado por Cristopher, con el dinamismo de una sangre en llamas cuyos fogonazos iluminan la voz invencible de Pablo, rasgando la guitarra con el frenesí de las “Putas cicatrices” ajenas y propias. “Tu sangre”, “Auto catarsis”, “Terror”, “Exijo” y “El último hombre”, rasgando el espeso ambiente de la sala, acalorada y vívida, de un público entregado y, desde luego, admirado ante la fortaleza de José y Pablo, anteriormente con “SOT”, manteniendo ese ritmo endiablado que Cristopher, poseído por las gruesas cuerdas de su bajo, enaltece sin dar cuartel.


La ira de Dios”, “El cuarto poder” y, antes del último tema, “Puro Chile”, un enfoque realista y agrio de aquella tierra que les vió nacer. Un trío, aunque cuarteto de corazón que, como siempre, enalteció y encandiló a un respetable fiel a su música, a ese hardcore metal tan particular e incontestable de “Karefalso”. En una noche que, lejos de ser oscura, se constituyó en una obscuridad que, tras tomar ese bastión ubicado en el Port Olímpic de la siempre layetana ciudad, la Sala Monasterio, se extendió más allá de sus puertas procedentes de tres bandas brutales, “Karefalso”, “Dullboozer” y “SOT”.

Texto: Yon Raga Kender
Fotografías: Christian Espinel