La Banda Trapera del Rio + El Legado + Dilemia
Sala Salamandra - L´Hospitalet (Bcn)


18.11.2016
Sala Salamandra - L´Hospitalet (Bcn)


El avieso culpable de la procaz autarquía que subyuga hoy día casi por completo la península, el Séptimo Monte, la Blanca, las islas de los Honderos y las de los Guanches, llevaba poco más de un año criando malvas cuando, un puñado de ribereños del torrente lóbrego, elevaron sus voces para emitir un análisis aparentemente burdo e incluso soez. Al son de una música, entonces aún sin categorizar, que, no sólo describía la mísera sociedad del lugar, sino del resto del desvalijado territorio. Aquel grupo de desarrapados, en nombre de su propia juventud, el deseo de diversión y, desde luego, la visión de una empobrecida sociedad pacata y sometida, decidió describir su entorno al mundo entero. Cuatro guerreros al más puro estilo de aquellos que compartieron cuna con el que dio nombre a su ciudad y que pertenecía a la “gens Cornelia” o “Clan del Hombre de cuerno”; soldados y mandatarios sugestionados por una supuesta invulnerabilidad a las flechas; se autoconvencieron de tener una piel especialmente dura y rugosa y se manifestaron de la única forma que vieron posible, ascendiendo a los escenarios. Entablados, si es que se les podía llamar de esa manera, en los que organizaban su lucha fratricida que, en la mayoría de las ocasiones, acababa en auténticas batallas campales. En guerras que, pasadas cuatro décadas, se han convertido en lema, principios y erudición de una sabiduría extraída de la realidad, de aquellas cloacas donde, únicamente, las ratas podían, no sólo sobrevivir, sino, además, como ellos, dar lecciones de vida. Y analizar con un vocabulario, a priori, tosco y escaso, no sólo la situación de aquellos años, sino la del día a día que les ha llevado a celebrar su cuarenta aniversario.


Entonces hablaban de falsas comodidades repartidas entre el barro, hoy, en realidad, hablan de las mismas falacias revertidas de asfalto, tecnología y una edulcorada apática sociedad del bienestar. Con el mismo talante de entonces y con la evidencia del dolor causado por puntas huecas más dañinas que las flechas, las últimas ratas, ya con pelaje cano pero aún con recios incisivos, han decidido volver a roer la siempre recia corteza de la realidad. Y, el pasado dieciocho de noviembre, en la veinteañera Sala Salamandra, en la paisana ciudad de aguas lóbregas compartidas, “La Banda Trapera del Río” inició la mini-gira de su cuarenta aniversario. Acompañada por, “Dilemia”, otra banda coterránea tomada por la simplicidad del guerrero, ese día a día entre barro y cervezas. Y por los ceretanos “El Legado”, con una década menos de existencia, pero con la misma ferocidad y necesidad de sublevación de hace treinta años. Una insurrección que, “Dilemia”, los primeros en ascender al escenario dando inicio a la fiesta conmemorativa, inauguraron con su rock palurdo, como ellos mismos autodenominan a su estilo.


Alberto, voz y guitarra rítmica; Fernando, guitarra solista; Jimi, bajo; y Pablo, batería, prorrumpieron con “Devil”, el primero de los once temas de su repertorio ante una sala poco menos que medio llena. “Contrabando”, “Litros de bares”, “Anónimo” o “Cambio climático” mostraron el talante del grupo, capaz de narrar las desdichas de una sociedad que da un valor al individuo menor que el de un número, esos seres que moran en las ciudades y a los que, casi, se les recrimina tener sentimientos y, lo que es peor, mostrarlos. “¿Dónde vas?”, “Noche extraña”, “Tragos primitivos”, “Quatreros”, “Keep on rockin” y “Metralleta” secundaron esa herencia ‘Trapera’ que, ellos mismos, se enorgullecen en desvelar. No sólo por las anécdotas contadas por Alberto, en sus muchas interacciones con el público, sino por su misma apostura y, en cierto modo, su propio estilo. El de “Dilemia”, agasajados, por un respetable que ya sobrepasaba la media entrada y por el hecho de principiar el memorable retorno y, quizá, consecución de una banda, “La Banda Trapera del Río”, que ha hecho mucho más que historia, casi la ha roturado con su carácter denostado. Y, para vilipendiar, los siguientes, con su particular Metal-Punk, “El Legado”.


Julen, voz; Quique, guitarra; Ricard, bajo; “K the King”, batería; y Dani, guitarra; siempre bajo la sombra de unos presentes dólmenes arrancaron su eterna sublevación con el tema “Tu verdad”. Provocando de ipso facto la ubicación del respetable, que ya casi llenaba la sala, con su inconfundible rock combativo, “Asco y pena”, “Zippo y gasolina”, “Tan cerca, tan lejos”, “Pisa fuerte” y “Chasis rígido y por comarcales”, mostraban esa lucha interior que lleva a cada persona, en ocasiones, a convertirse en su único enemigo, confundido y, a veces, vencido por unas incomprensibles razones y formas sociales. “Bandera negra”, “Les venciste”, “Con ánimo de ofender”, “Sucia canción de amor” y “Burning for you” parecían que iban a dejar exhaustos a “El Legado”, sin embargo, aunque ya sólo quedaban tres temas de su repertorio, habrían podido tocar toda la noche porque, treinta años no son nada. Como demostrarían, no sólo en “Calabozo 7359”, sino en la desmedida velocidad del “Sonic Reducer” de los ‘Dead Boys’ y en el último “PUB”, con el que pusieron punto final a su aportación a una noche tan especial. La de la vuelta de “La Banda Trapera del Río”, la de la conmemoración de un lejano concierto en aquel año de mil novecientos setenta y seis cuando, si quiera ellos, eran capaces de asimilar lo que estaba ocurriendo. Como, esa misma noche, frente a una sala repleta y que, hoy en día sorprendentemente, relegó las molestas grabaciones de móviles, salvo algún que otro muy ocasional, y disfrutó de la leyenda y, quien sabe, si del futuro de “La Trapera”.


Miguel Ángel SánchezMorfi Grei’; Jordi PujadesEl subidas’, bajo; dos guitarras adiestradas por el siempre presente Modesto AgriarteTío Modes” o “El Metralleta”, Betty Love y Raúl Pulido, hijo del no menos concurrente Raf Pulido; cuyo lugar ha ocupado un “Subterranean KidsCarlos BuiraBolo’ y el incombustible Fosy Rock, también a la guitarra. La ovación, una vez ascendieron al entablado y comenzaron a sonar las notas del primero de los dieciocho temas del ‘setlist’, “La Regla”, estuvo a punto de hacer caer la sala, sostenida por el frenesí y la emoción de unos seguidores, con una amplia franja de edad, y, desde luego, por ese inicio inmortal de su directo a los cojones. Volvieron a pegar fuego al sistema tocando de forma indecente, “Joven, viejo joven”, “Confusión”, “No dais la cara”, “Juventud tatuada” y “Venid a las cloacas”, dejando claro que “La Trapera” está muy viva con ese apoyo volador de las seis cuerdas de Fosy, la sostenibilidad de Betty con su colorida guitarra, el ya no sorprendente pero sí increíble manejo de la Gibson del “Tío Modes” de Raúl. La cadencia del incuestionable “Bolo” en la que se apoya una de las dos ratas eternas, “El Subidas” con sus cuatro cuerdas y el berreante, que no cantante, “Morfi Grei”.


Como siempre cual si estuviera tras un megáfono encabezando una manifestación lanzando indiscutibles lemas, “Misógino”, “Aluminosis corporal”, “Comix y cigarrillos”, “Eunucos Mentales” y “Yonky Palace”, llevaron hasta una pequeña pausa donde, uno de los tantos asistentes reconocidos dentro del mundo de la música, Miguel Alférez, batería original de “Decibelios”, agradeció emocionado el trabajo de “La Trapera” e, incluso, desveló que mucha de la culpa de su dedicación a la batería y la música había sido debido a ellos. A esas alturas, tanto la sala, el mismo público, en su mayoría ataviado como en aquellos años ochenta y, desde luego, “La Trapera”, habían traspasado las barreras del tiempo trasladándose hasta aquella década donde “Nacido del polvo de un borracho”, no pudo ser censurado.


El respetable, ya sin respetabilidad, totalmente tomado por el espíritu de “La Trapera”, que acojonaría a decrépitos y viejos oligofrénicos, coreaba con libertad un “Padre nuestro” que hoy en día, únicamente, pueden espetar ellos. O un “Nos gusta cagarnos en la sociedad” y, desde luego, al margen de esa libertad, llegados a “Curriqui de barrio” y “Ciutat podrida”, asaltaron con libertad el escenario como, algunos, rememorando pasados conciertos donde el mucho más que el porro nuestro de cada día creaba auténticas fiestas de música y denuncia social. Julen, de “El Legado”, después de haber cantado un tema y besado finalmente a su gran amigo “Morfi Grei”, observaba desde la sombra como llegaban a los dos últimos temas, “Monopatín” y “A mi dosis”, la que evidenciaba el espejismo de una piel resistente a las flechas pero no a las puntas huecas. Y a un público que, aun completamente empapado en sudor e incapaz de detener sus cuerdas vocales y sus extremidades, no podía asimilar que había trascurrido el tiempo y el concierto había llegado a su fin.


La Banda Trapera del Río” había acabado su inaugural concierto de la mini-gira conmemorativa de cuarenta años de escenarios y, como siempre, con un lleno total que iba a ser difícil de desalojar y no porque, como en algún pasado, hubiese habido hostias dadas y recibidas. Sino porque, un vez más, ese grupo de desarrapados, en nombre de los jóvenes que fueron y los que lo son hoy en día, del imperecedero deseo de diversión y, desde luego, de la visión de una pasada y actual empobrecida sociedad pacata y sometida, revolucionó por completo sus voluntades. Un ánimo rendido al conciertazo que acababan de vivir en la Sala Salamandra con “Dilemia”, “El Legado” y, desde luego, con esas ratas de cloacas cuya música finalmente fue categorizada por “Morfi Grei”, - ¡Ni punk, ni pollas, “La Banda Trapera del Río”!

Texto: Yon Raga Kender
Fotografías: Lucas Korneyá y Manuel Alférez