Lipstick + Motosierras
Sala Monasterio - Bcn


03.03.2017
Sala Monasterio - Barcelona


Garete, ese lugar donde se envía a tanta gente y que, realmente, es una expresión marinera cuyo significado es navegar sin rumbo ni control y procede de la expresión francesa ‘Être égaré’, estar extraviado. En ocasiones, a más de un confundido convencido que el término ‘reaccionario’ es sinónimo de progresista, sorprende que actitudes aparentemente ‘a la deriva’, no sólo satisfagan a quien se encuentra figuradamente descontrolado, sino que, además, cope por completo su ser. Porque, si bien, ese garete marino no es otra cosa, en cierto modo, que dejarse arrastrar por las corrientes marinas y el viento, no es ese, también de alguna manera, un proceder más que natural de navegar. Sin encadenamientos a los férreos engranajes de un motor, de una maquinaria que aherroja, no ya la singladura, sino la velocidad y, a veces, incluso el rumbo. La dirección de un timón que escapa al control del tacto y de la apetencia del albedrío, esa que se deja embargar por la brisa y que si bien, para aquellos cuyo evolucionismo les eleva a cotas tan altas como suplir los cirios por bombillas parodiando a éstos, entienden como embarrancar. Y que, no hay duda, es en realidad más que bien distintos y ahítos atraques, anclajes sin cadena que no acotan el movimiento, autoabasteciéndose de un garete libertador y propio. Similar al que el pasado día tres de marzo, en la entalingada y siempre desbocada Sala Monasterio, en el Port Olímpic de la ciudad layetana, portaron dos bandas de cariz concreto e inherente “Lipstick” y “Motosierras”. Dos grupos, layesco y colomense, no enviaron a nadie al garete, bien al contrario, atrajeron a una ingente cantidad de público hacia su inflexible vagar. Hacia un sin rumbo de punk y rock iniciado por “Motosierras.


J. Morton: guitarra y voz; Miguel Baltasar, guitarra y coros; Saúl Naya, bajo y coros; y Julián Loza, batería; abordando el primer tema, “El sótano” como el último del acortado repertorio, “Money”, con la fuerza sísmica de aquellos ‘Ramones” que siempre han admirado y la rabia innata de la agitación. Una aplastante marejada que sorprendió, a los muy pocos espectadores que nunca les habían visto, con un directo de temas propios y versiones de puro rock & roll con veintisiete años de solera, Donde la ventolera que es “Morton”, atacando el micro con la misma cinética con que rasga las seis cuerdas, aúna ese tifón demoledor en que se convierte la banda, absorbiendo la voluntad del público. Empujándole al movimiento y la enajenación, en ese vendaval en el que Miguel, extrae espuma a los alambres de su guitarra cual caída de grandes olas contra una azorada superficie. Esa zona creada por la base rítmica que en forma de galernas levantadas por la inercia de las manos de Saúl, elevado una y otra vez al son de su gravedad, y de las de Julián, manejando las baquetas con la sutilidad de la contundencia, crean unas corrientes armónicas y nada intempestivas.


Hasta arribar al indeseado sosiego del fin de su actuación, en el cual, el respetable, abstemio de ese garete compartido, no puede por menos que recuperar fuerzas oreados por la brisa de ese mar de ‘Entre Tierras’, esa noche picado por la incesante lluvia y fuertes vientos, cuyo oleaje trae, año tras año, esa tromba de rock & roll que es “Motosierras”. Como, igualmente ocurre, con los siguientes en ascender al escenario, “Lipstick”, también con más de veinticinco años sobre el entablado presentaron su último trabajo, el recopilatorio “Hits from the sewer” con esa impronta de su extraviada fijación, como expresión vejatoria, ésta vez sí, de mandar al garete a quienes intentan y muchas veces consiguen manipular todo mediante el cohecho de la identidad.


Dave Escalona, vocal y bajo; David Lipstick, guitarra solista; Frank Castillo, batería; y Sugar Kane, vocal y guitarra rítmica; clamaron con “Voices” el inicio de su punk rock y Hard rock amasadas con el esencia ‘Kissiana, sin abandonar una estética glam/punk muy identificativa. En total, incluidos los bises, trece temas de su larga trayectoria frente a los cuales, el público, su público, ese que guarda una admiración paralela a la que siente por su música, ante la inusual coyuntura de encontrarse ante una banda cuyos miembros no han variado desde su formación inicial, cumplió con creces el deseo de esa tormentosa noche, disfrutar de cada instante con su banda, “Lipstick”. Rendidos al complot enriquecedor de ambas voces tan opuestas, Dave con ese irreductible tono punk y Sugar, mucho más glam, lanzados a “Starboy Radio”, “Neverland” o “Seven years”. Golpeando y rasgando sus respectivos hilos, acompasando y enriqueciendo cadencia y ritmo de esos palos revoloteando en las manos de Frank, marcando un compás acelerado en la medida de los rasgados y los punteos de David, perdido completamente en las cuerdas de su guitarra pero en ningún momento ausente de esa pequeña historia que es cada canción.


De esa apetencia narrativa y musical que son los temas de esta banda cuyo garete, no es otro que el de disfrutar sobre el escenario, expresando una identidad propia alejada de grotescas simulaciones. Con la autenticidad de quien es capaz de escuchar y deleitarse hasta con el último eco del movimiento de una de sus cuerdas o del postrero rebote de una de sus baquetas. Contagiando al público, un respetable adquirido, jamás perdido y engrosado en cada concierto con el deleite de la destreza y la seducción de la excepcional música y espectáculo, por calidad y sobre todo legitimidad. Una autenticidad que, no solo les llevó a invitar al escenario para felicitar por su cumpleaños a una figura de propio garete y largo y reconocido bagaje en la fotografía como Ferran Descárrega, sino que tras los aclamados bises, “Believe”, “Strange Ways” y “Better Days”, provocó una larguísima ovación donde los aplausos y gritos, apagaron los sinceros y reiterados agradecimientos de los músicos. En una noche donde, aunque la lluvia hubiese tomado un excesivo protagonismo fue, una vez más, la actitud aparentemente ‘a la deriva’ quien tomo la auténtica y legítima relevancia. Transportando a su propio garete, creado en la Sala Monasterio, a un público consciente de la diferencia entre progresista y reaccionario, de la mano de dos bandas eternas, “Lipstick” y “Motosierras”.

Texto: Yon Raga Kender
Fotografías: Manuel Alférez