Martini Surfers + The Lost Links
A Wamba Buluba Club - Bcn


5.05.2016
A Wamba Buluba Club - Barcelona

La arcilla amarillenta asentó al gremio de alfareros en el lugar, cuando si quiera había adoquines en el suelo, mucho más tarde, se convirtió en inspiración para escritores, pintores y fotógrafos .Y, quizá, por esa indiscutible pátina artística y la semblanza entre el color de aquel barro y el del fruto maduro de la Sclerocarya birrea, “Marula Café” se asentó en el cuarenta y nueve de esa siempre vívida arteria del casco antiguo de la ciudad condal que es la calle Escudellers. Integrada dentro de esa emblemática antigua zona gremial, tomada por el siempre presente halo de lo factible aún a priori inverosímil como, inconcebible por el talante trasgresor y reivindicativo, eran los versos originales de “Tutti Frutti”. Transformados, casi íntegramente, en la conjunción de onomatopeyas adoptadas por el club de baile apostado en “Marula Café”, “A Wamba Buluba Club”. Capaz de convertir la mítica noche de las chachas, tornada desde hace años en el mejor crepúsculo de la semana, en una fiesta del rhythm n’blues, rockabilly, swing, blues, rock & roll en todas sus ramificaciones. Como así ocurrió el pasado día cinco de mayo con las bandas “Martini Surfers” y “The Lost Links”, dos grupos capaces de embriagar con la naturalidad del fruto maduro de la Sclerocarya birrea. 


Los primeros en caer fueron “The Lost Links”, Juano Montuno, guitarra (El Legado, Los Finos, Los Guarriors); Solopei George, batería, (Desechables); Italo Silva Rivas, contrabajo (Abducidos, Pshico Tendencies); Danny Romero MasAloha”, voz y guitarra (Tomako, The Dry River Stompers); con el fruto de su último trabajo "Gypsy Stomp" ya caído del árbol, comenzaron con “Revuelta en la playa”, Italo golpeando el bajo sobre las escobillas de Solopei, mientras ambas guitarras, Danny y Juano, rasgan las seis cuerdas lanzados a esa combinación rockabilly, surf, beat sixties e incluso ritmo latino. “The Lost Links”, unos eslabones que ni están perdidos ni pertenecen a cadena alguna como muestran cualquiera de sus temas y no sólo los diecinueve elegidos para brindar a su público esa noche. Compartida, en un par de temas y por separado con dos artistas capaces de entender su música, Ester Martínez, bailarina de tribal fusión cuyos contoneos aderezaron sus ritmos y empequeñecieron el escenario y el violín eléctrico de Luca "Il Surfer" Ceruti, bajista de los “Martini Surfers”.


El cuarteto, en todo momento, consiguió el primigenio fin perseguido, que no era otro que el de hacer bailar a todos los presentes regalando el brío y el desenfreno de Juano rasgando su semi-acústica. O ese mágico contrabajo de Italo, cuyas cuatro cuerdas golpean un mástil desgastado por el golpeteo de unos dedos capaces de extraer ese grave sonido que no sólo acompaña a Solopei, espectáculo de las escobillas acariciando, casi, con éstas una caja y unos platillos que los convierte en algo mágico. Sino que arrastra con esos solos donde las guitarras apoyan su ritmo increíblemente vivo, capaz de hacer mover incluso a la muñeca hawaiana colocada sobre uno de los altavoces de escenario que acompaña siempre a Danny. Asido a su guitarra y a su voz, como última y principal pincelada a sus temas “Blueberry Hill”, “Route 66” “Don’t think twice”, “How come it”, “El Mambo Tango”, “Dreaming”, por supuesto, “Gypsy Stomp” tema y nombre de su último trabajo presentado esa noche. Hasta llegar a “Killing Moon”, “Facebook” y “Creep”, con el que acabaron su actuación. Repleta de evidente calidad y solera que le permite experimentar con distintos estilos, sin dejar a un lado la crítica social y política, creando un sello propio con carácter y pedigrí cuya hechura no es otra que la pretendida por “The Lost Links”.

Creadores de un tronco de profundas y anchas raíces capacitadas para extenderse incluso en aquella arcilla amarilla que atrajo y asentó al gremio de alfareros, bregados en el moldeo del barro como, musicalmente hablando, “Martini Surfers”, los siguientes en ascender al escenario, se hallan en el sonido retro de los años cincuenta.


TonyVon ThompsonMancebo, guitarra y voz; LucaIl SurferCeruti, bajo, violín y coros; y LuisRebelChicote, batería y coros; con su imagen, no sólo como identidad, sino como muestra y acompañamiento de su filiación musical cuya expresión última y primera, es el sonido nítido y perfecto de aquel mediado de siglo.


Diecinueve clásicos siempre con influencias Bondnianas, “Thunderball”, “Goldfinger”, “Bad Boy”, “Torre Molinos”, “Café Morocco”, “Cadillac”, “Summer Blues” o “Please” que, desde luego, pusieron al público a bailar hasta la extenuación, como, en sí mismo, es el fin perseguido por las noches de “A Wamba Buluba Club”, asentado en “Marula Café” en la antigua zona alfarera de la ciudad condal. Cuyas adoquinadas calles quedaron impregnadas, no sólo de aquella mágica materia prima, la arcilla amarillenta, sino del arte y la creación de la que engrosaron a la ya aportada, “Martini Surfers” y “The Lost Links”.

Texto: Yon Raga Kender
Fotografías: Manuel Alférez