Metallica
Palau Sant Jordi - Bcn


07.02.2018
Palau Sant Jordi - Barcelona


He de confesar que perdí el interés por los directos de esta banda en la época del polémico Load. Asistir a un concierto en el que comenzaron repitiendo tres veces "Hero Of The Day" EN PLAYBACK fue demasiado para mí y desde entonces no los había vuelto a ver. Después de lo acontecido la fría noche del 7 de febrero tengo la sensación de haberme perdido algo todos estos años, en definitiva tomé una mala decisión.
Solo la visita de una banda de este calibre es capaz de horadar el lento transcurrir del invierno, la gente se dirigía al Palau Sant Jordi fosca, desafiando el frio con paso activo, sabedores que los vatios y el metal contundente de los de San Francisco nos foguearía para hacernos entrar en calor.


Ciertamente es muy curioso ver a una banda como Kvelertak, (Black Metal melódico cantado en noruego) tocando en un pabellón, la mayor parte del público los acogió con cierta indiferencia, se me ocurren pocas bandas cuyos preceptos estén más alejados de un público tan masivo. A pesar de ello y de que el sonido se percibía enmarañado disfrute de su Show, me dejaron con ganas de asistir a uno de sus conciertos en sala y con un público más afín.
Llegó la hora de la banda mas grande del planeta. Cuando sonó "Its A Long Way To The Top If You Wanna Rock And Roll" a modo de preintro el pabellón la acogió con una ovación ensordecedora. La eterna "The Ecstasy of Gold" de El Bueno, El Feo y el Malo (Llevan con esta Intro desde sus comienzos hace más de 35 años) marcó los prolegómenos de lo que a posteriori se acabó convirtiendo en una gran velada musical.


Inicio inefable con una sensacional "Hardwired" que sirvió para poner de relieve que se encuentran en un momento dulce de su carrera, hasta siete temas de su última criatura sonaron esa noche, alejándose de esta forma de presentaciones de álbumes en la que el paso por su última obra era meramente testimonial.
Un escenario central dio mucho juego visual y la banda armó una escenografía muy eficaz sin necesidad de montar un circo.


Unas pantallas en forma de cubo que subían y bajaban desde la cubierta del pabellón hasta el escenario, en las que se sucedían imágenes en función de la canción que interpretaban. Banderas territoriales, fotografías de la primera guerra mundial, e imágenes de sus inicios fueron algunas de las estampas que pudimos visualizar.
La prueba de que esta banda mantiene intactos sus testículos en directo llego a la tercera canción, quien me iba a decir hace 30 años que vería entonar a 18000 almas un tema como "Seek & Destroy". Cada vez que la banda entonó uno de sus clásicos el público respondió con esa química que hacen que los conciertos se conviertan en una experiencia única e irrepetible.


Cuando ves la euforia con la que son acogidas gemas del calibre de "Welcome Home (Sanitarium)", "For Whom the Bell Tolls" o "Sad but True" te das cuenta de que los Stone ya tienen su relevo generacional y que la banda está perfectamente perfilada para afrontar una gira de estadios.
El carisma de James Hetfield sigue intacto, impúdico y rutilante, canalizó a la audiencia en cada una de sus intervenciones. Trujillo y Kirk Hammett se comportaron dinámicos y convincentes durante toda la velada y Lars Ullrich golpeo la batería con tal contundencia que nos hizo preguntarnos ¿hasta cuándo resistirá este hombre este exigente ritmo?
La recta final la marcó una heroica "One" que enlazó magistralmente con un "Master Of Puppets" demoledor que convirtió a parte del público en fieras desbocadas dejando a más de un asistente con una afonía de la que tardará unos días en recuperarse.


Para el final dejaron el mejor corte de Hardwire... To Self-Destruct, un "Spit Out the Bone" que dió paso a su arma más eficaz. "Nothing Else Matters" sincronizó las gargantas de todo el pabellón. Posiblemente este tema unido a la solidez y la efectividad con la que han llevado su carrera sean las responsables de que Metallica se haya convertido en una banda apta para todos los públicos.
"Enter Sandman" fue la elegida para echar el telón con una deliciosa orgía de ruido en la que su público cayó definitivamente a sus pies, dedicándoles emotivas alabanzas, devoción y veneración.
Finalizó el concierto y nadie se movía de su sitio mientras la banda en un despliegue de respeto hacia su público se pasaba más de diez minutos repartiendo púas, baquetas y saludos a los sufridos moradores de las primeras filas.

Definitivamente esta banda tiene clase y sabe cuidar a sus seguidores.

Texto: General Lee
Fotos: Maria Jose