The Grassland Sinners + Still River
Sala Les Enfants - Bcn


25.02.2017
Les Enfants - Barcelona


Hablar de reciclaje asemeja una diatriba moderna, muy contemporánea, no obstante, cuando nadie hacía uso de palabras como ‘reutilizar’ o ‘recuperar’ convertidos en símbolos de ciudadanía responsable, ya se reciclaba. Aquellos carritos de la compra repletos de envases de cristal o pequeños locales donde “El Drapaire”, el trapero almacenaba papel, cartón, vidrio, tela e incluso metal que recogía por la calle o bien compraba directamente en las casas o en su propio local. Usos y formas creadas con la naturalidad de la lógica convertidas en modismos del que, distintos estamentos oficiales, sacan un beneficio, a expensas de aquellos que vivían de ello y de los mismos residentes como mano de obra barata, y por el cual, además, cobran impuestos a sus ciudadanos para que sufraguen los elevados costos de medios y trabajadores. Es decir, una más de las artimañas de aquellos que dicen conducir a la sociedad vendida como una innovación hodierna cuya única finalidad es acaparar el máximo de beneficio. Afortunadamente, en la música, como en los distintos artes, no hay posibilidad de incurrir en semejante latrocinio, y cuando un coetáneo retrotrae algún estilo o forma del pasado, no lo muestra como una innovación. Sino, bien al contrario, no sólo como un homenaje, sino como una actualización que devolverá aquella expresión al lugar que le corresponde. Como constataron el pasado día veinticinco de febrero en la Sala “Els Enfants” de la siempre layetana ciudad, “The Grassland Sinners” y “Still River”. Dos bandas de rock sureño americano que, si bien, realmente no pertenece al pasado, sino que está muy vivo allende el océano Atlántico, en este firme que los fenicios dieron en llamar “tierra de conejos”, más acertado que el utilizado por los amantes de esos macelos de arena donde más que curtir ensartan, parecía haberse quedado en aquellos tiempos de los setenta. Sin embargo, no ha sido así y, los primeros en, no ya demostrar, sino continuar con esa constatación, fueron los euskeras “Still River”.


Dan Cabanela , vocal y guitarra rítmica; Txema Solano, bajo y coros; Juan Gumuzio, guitarra solista y coros y Lander Cadenas, batería, aún con la sala víctima de esa desdeñable costumbre del público en general de obviar deliberadamente la hora marcada de inicio, ascendieron al entablado para comenzar con su eterna pleitesía a “Grateful Dead”, seis de los doce temas del repertorio preparado son versiones de éstos, cuatro de su último trabajo, “Wood & Wire” y dos del anterior “Demo”. “Samson and Dalilah” rompió la tarde noche con las baquetas de Lander precediendo a las cuerdas de Dan, Juan y Txema.. Un inicio algo frío que se fue calentando, no sólo porque el aforo fue aumentando progresivamente hasta mucho más allá de tres cuartos de sala, sino porque “Still River”, si bien, afortunadamente, nunca será “Grateful Dead”, tiene una calidad indiscutible.


Unos músicos capaces de superar la fuente y generar un producto de autoría y, desde luego, mucha calidad. Como es posible apreciar en “Jeremiah” un country que nos transporta a uno de esas cantinas sureñas fílmicas donde los hombres llevan camisas remangadas y las mujeres cintas en la cabeza. O “High Time”, nos embarca a ritmo de soul en alguna de esas fiestas de pueblo, con trajes y vestidos largos, en los que las carretas de caballos, aún habiendo móviles y deportivos, no están de más. Igual que con los dos temas de “Demo”, “Four mile to mobile” y, especialmente, “Fight, fight, fight” con el que casi nos encontramos en uno de eso ranchos entre caballos, ganado y fogata nocturna mojando el gaznate con algún brebaje casero de muy alta graduación. Como la nota de unos euskeras encabezados por un minesotano amante del txakolí y la tortilla de bacalao, altísima y ya con un presente mucho más firme, que finalizaron con el clásico “Down by the river”, cómo no, de “Grateful Dead”, ante un público apasionado con “Still River”, dejando paso a “The Grassland Sinners”,


Un puñado de amigos, Germán Magrazó, vocal; David Melguizo, guitarra; Jordi Revilla, teclados; David Mani, bajo; Aleix T. Lozano, guitarra y Edu Ropdríguez, batería, que tras una serie de improvisaciones tocando aquello que más les apetecía, sin premeditación pero, a buen seguro, con mucha alevosía, un buen día se pusieron a componer y finalmente dió como fruto el trabajo que está a punto de salir al mercado, “Let it ride”. Y que, añadiendo la versión “Cursed Diamon” de “The Black Crowes”, mostraron ante un público, en su mayoría, fiel en la corta existencia de ésta nueva banda de, no hay duda, mucho más que expertos y buenos músicos. Con un estilo que ellos tachan de rock americano y que bien podría identificarse como una mezcla de rock clásico setentero y southern rock. Iniciando con una poderosa ‘Intro” que enlazó con “Night tripper”, “Not sad anymore” hasta llegar a “Sweet Magnolia”, encabezados por esa voz de Germán, cargada con la profundidad a la altura de sus letras.


Donde la guitarra de Aleix, siempre presente, incluso cuando no toma la batuta, mantiene un reto continuo con la de David, sin ánimo de triunfo, sino de unión dispar que ensalza cada nota. Ponderados por las teclas de Jordi, incapaz de mantenerse quieto tras éstas, exaltando la riqueza de unas melodías cuya base rítmica, las cuatro cuerdas de un exultante David, encontrando espacio para moverse de un lado a otro del escenario, y las baquetas de Edu, mágicas y certeras, redondean, cerrando e iniciando, unas composiciones que arroban al respetable. Un público, en su mayoría, conocedor de cada estribillo, de cada nota, que no puede por menos que dejarse arrastrar por la fuerza sincopada pero arrasadora de “The Grassland Sinners”. En una tarde-noche de rock americano, en una sala de raigambre musical, “Les Enfants”, con carácter minesotano, euskera, layetano y granollense cuya naturalidad no se atiene a modismos ni, tampoco, a inventar estilos a expensas de la necedad social. Sino a retrotraer unas formas que, desde luego, no han quedado en el olvido, con el respeto al originario y la autoría de la propia personalidad de dos bandas que ya son parte del panorama musical, “The Grassland Sinners” y “Still River”.

Texto: Yon Raga Kender
Fotografías: Manuel Alférez