The Mastines
Bar Cuqui - Tresjuncos (Cuenca)


05.08.2017
Bar Cuqui - Tresjuncos


Hay una estirpe de músicos que es invisible para el gran público pero que realiza una labor encomiable a la hora de mantener en el candelero ese rock nacional que tan buenos momentos nos ha hecho pasar. Son esos músicos que antes de subirse a un escenario han dedicado horas y horas a sus instrumentos para finalmente enfrentarse a un público para defender un repertorio que no es suyo pero que desde hace varias décadas forma parte de la memoria sentimental de toda una generación.
The Mastines se les puede definir como la quintaesencia de esa generación de músicos que gracias a su tesón llevan a lo largo y ancho de la península todas aquellas canciones que entre principios de los 80 y finales de los 90 llenaron de colorido aquella España gris y casposa que daba sus primeros bostezos camino de la modernidad, sin más pretensión que rendir tributo a bandas que sacaron nuestro cerebro del barbecho adolescente para provocar un auténtico maremoto hormonal en nuestra recién estrenada juventud.


Grupos como Extremoduro, Marea, Reincidentes, Los Suaves, Loquillo, Porretas, Decibelios o los legendarios Leño son y serán algunas de las bandas más emblemáticas de aquel esplendor cultural y asistir a un concierto donde suenan sus canciones es la más eficaz vacuna para combatir la nostalgia.
Empiezan a fluir las primeras notas y poco después el compás de la música dió un nuevo color a la sala. “Who’l Stop The Rain” (una de las contadísimas ocasiones en las que se salieron del rock nacional) fue la encargada de abrir el set y fue perfecta para comenzar con toda la chulería del mundo, al final de cuentas el rock and roll no es más que un acto de arrogancia perpetua.
El repertorio se puede definir como un buen recopilatorio de lo más granado del Viñarock. Rock nacional de muchos quilates, interpretados por una banda que se mostró en todo momento convincente y emocional.


Richard se encargó de una de las guitarras y de las voces. Su aplomo como guitarrista y esa voz áspera, grave y cruda hizo que esa noche saliera victorioso como interprete. Álvaro se destapó como un guitarrista de calidad que le da a la banda un plus de calidad. Rubén a los tambores no se distrajo ni un milímetro de lo esencial que es darle vigor al combo. Las teclas a cargo de Uge son un elemento crucial en el sonido de esta banda. Da armonía y llena los huecos que dejan las guitarras. De esos músicos que hacen que toda ecuación cuadre.
El sortilegio de la música funcionó a la perfección y es que con un repertorio tan festivo es muy difícil no acabar dando brincos como aquel adolescente que hace tiempo que se esfumó. Temas como “Vicio”, “Marihuana”, “Cadillac Solitario” o la emblemática “Maneras de Vivir” nos cautivaron a lo largo de las más de dos horas que duró el show.


Gran noche de rock y hermandad que lejos de la pompa, de la vanidad, de las fatuidades, gozamos como si no hubiese un mañana. La música esa noche sirvió para lo que tiene que servir, para divertirnos y calentarnos el alma.
Sin estas bandas probablemente esas canciones andarían ya camino del olvido, pero afortunadamente están ahí para recordarnos todos aquellos temas que se quedaron en nuestra vida sin pedir permiso.
The Mastines resolvieron la velada con profesionalidad y autocontrol técnico y emocional. Salud, amistad y futuro.

Texto: General Lee
Fotografías: Maria Jose