The Muggs
Sala Rocksound - Bcn


13.05.2018
Sala Rocksound - Barcelona


Quizá, una de las noches más especiales de la semana sea la del domingo, tomada por la intrepidez de audaces noctámbulos desafiantes y olvidadizos del maldito sonsonete que, pocas horas después, les alertará para acometer la labor con la que sufragan esa y el resto de las noches. Y, con el mismo rasante, son pocas las salas de música en directo cuya intrepidez y, desde luego, empuje y presencia les permita organizar, además, conciertazos las noches del séptimo día. Una de esas salas camino de convertirse, no sólo por su pátina de otrora otros tiempos, en una nueva “The Cavern” o “CBGB” de la siempre Layetana ciudad, es la “Sala Rocksound”, tan combativa como aquellos “Els Almogavers” que dan nombre a la calle donde se encuentra. Reservando esa noche excepcional, quizá no lo mejor, pues no hay en su cartelera precisamente falta de calidad, sino lo más singular y personal. Como el pasado día trece de mayo, procedentes de allende el océano que se extiende más allá del estrecho donde se ubicaban unas columnas que, creían, sustentaban el cielo, de la capitalina ciudad donde la estrechez, únicamente, radica en la posición de la urbe y la música está en constante alza, de un Estado, cuyo nombre hace honor a las viejas lenguas nativas, al ojibwe concretamente, y al gran lago “Mishigani” que lleva su nombre, como parte de su gira “Get on tour Spain 2018”, “The Muggs.


Danny Metrhic, vocal y guitarra; Tony DeNardo, teclado-bajo; y Zach Pliska, batería, sustituyendo a Todd Glass; ascendieron al escenario con la naturalidad de quien se encuentra en casa y entre amigos. Porque, “The Muggs”, irradia esa amigabilidad no ya sólo con su presencia, sino con esa forma de expresarse que es su música, capaz de arrellanar a su alrededor a un respetable bien variopinto cuya indivisión radica en el gusto por la música excepcional. Un público que atestó la sala, dispuesto a dejarse untar con el aceite de su talante y la calidad de un rock-blues nativo y repleto de espontaneidad y desparpajo esa noche, reducido, por cantidad no por cualidad, a dieciocho temas de una discografía que, ni uno sólo de los presentes, desconocía. Dirigidos por el emblemático Danny, cual agudo y alocado director de orquesta, marcando un ritmo anticipado por Zach, con una cadencia y virtuosismo a los palos, aparentemente, inapropiada para su corta edad y por Tony, cuya excelsa calidad queda patente en la gravedad de las teclas cual si estuviera golpeando un bajo.


Un trío capaz de mostrar ese alma del que nació el rock a través de unos rasgados interminables e irresistibles apoyados en la gravedad de la consonancia armónica de una base rítmica con tanta autoría y autonomía como el de las seis cuerdas y la misma voz, capaces de insuflar cada uno de los sentimientos que un ser humano puede sentir, llevando a su público, mucho más que entregado, a palpar la gravedad, la insustancialidad o el júbilo con sabor al carisma natal de los de la ciudad del estrecho, “The Muggs”. A los que nadie deseaba ver descender del entablado en una más de las memorables noches de ese día que conmemora al astro Rey, en la no menos insigne Sala Rocksound, pero que, finalmente descendieron y atendieron a su público con la misma camaradería con la que habían ascendido al escenario y habían entregado su particular forma de ver el mundo, su música, el inconfundible, irrepetible e incombustible blues-rock de “ “The Muggs”.

Texto: Yon Raga Kender
Fotografías: Manuel Alferez

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