Winterfest III
Saltimbankya + Drakum + Warg + Forja


14.01.2017
Razzmatazz 2 - Barcelona

La imposición doctrinal asentada en una gran parte del mundo tuvo y tiene una ingente cantidad de detractores, no sólo, como es lógico, por otras doctrinas, no menos castradoras, compitiendo por una defensa subjetiva de la divinidad y la verdad. Sino, también, por aquellos que priman por antiguas raíces minimalistas casi borradas por el carisma pendenciero y, a la par, inseguro de la populista creencia bimilenaria. Evidentemente, esas corrientes contrapuestas fueron y son tachadas de paganas, un término que procede del latín antiguo, ‘pagus’, literalmente ‘los bosques’. Debido a que una vez el emperador romano impuso ésta creencia como única, los habitantes de las afueras de las ciudades, en los pagos, se resistieron a adoptar la obligada doctrina. Y, no hay, quizá, mejores ‘paganos’ que los habitantes de esos bosques nórdicos donde, casi dos décadas atrás, resurgieron en la defensa de su inmortal creencia, revalorizada, en parte, por la pluma de Tolkien. Y, desde luego, por el “viking o pagan metal”, entonces un subgénero del ‘heavy metal’, hoy en día, una corriente que, cómo no, ha llegado hasta éstas tierras llamadas de conejos por los fenicios en las cuales una ardilla podía cruzar de punta a punta sin tocar el suelo, saltando de árbol en árbol, repleta de paganos. Herejes reunidos en un particular aquelarre el pasado día catorce de enero en la no menos apóstata Sala Razzmatazz 2, de la siempre layetana ciudad. En un festejo hibernal, que bien podría llamarse ‘Yule’, pero que la Productora “On Fire”, centrada en apoyar a los grupos emergentes, cuyos gerentes, “Tomás Quilez Molero” y “Eva Mateos”, denominaron ya en las dos exitosas ediciones precedentes, como “WinterFesT III”. Arremolinando a más de trescientos heréticos para escuchar y apoyar las premisas de las cuatro bandas heresiarcas “Drakum”, “Saltimbankya”, “Warg” y Forja”. Comenzó poco más allá de las siete y media de la tarde, con un público especialmente joven, de largas melenas, chupas y faldas, que no portaban exclusivamente el género femenino, frente a los egarenses “Forja”.


Martí
Almogàver de la Forja’, voz y lira; Marc Josep Fabregó, bajo; Nil Lapedra Oltra, guitarra; David Saus Canamasas, batería; Albert Alba Ballbuena, gaita, flauta y teclado; y Georgina Solà Muntadas, teclado; cual medievos guerreros, ascendieron al entablado y tras la “Intro”, su evidente tarjeta de presentación, cargada de una personalidad lacetana que no se encuentra remitida únicamente al idioma mediterráneo de sus letras. Se lanzaron a su corto pero completo y complejo repertorio para la exclusiva cita, “Víbria”, “Tornant de la batalla”, “Rancúnia”, “Els bons homes”, “Muret” y, desde luego, “Desperta Ferro”, grito de guerra de los nada míticos y sí muy paganos ‘almogàvers’ lanzado con propiedad por Martí, ya de por sí autodenominado ‘Almogàver’. Interactuando en todo momento con el público, rendido al halo de resistencia que, innegablemente, tiene, no sólo la lira, de aquellos olvidados trovadores, que rasga Martí, sino el de la gaita o la flauta o, incluso, los teclados tocados por Albert, que da paso a Georgina, a partir de ese día ama de las teclas del grupo.


La cadencia de las baquetas de David apoyada por los golpes a las cuatro cuerdas de Marc y los rasgados y punteos de Nil a su guitarra. Generando un ritmo de batalla, una banda sonora bélica apoyada en la sensatez de unas proclamas que, el respetable, intentando imitar los tonos roncos de Martí o el movimiento circular de su larga cabellera acabó ovacionando al grupo al grito unánime de ‘Desperta Ferro’. Acalorados y henchidos por los ritmos de ‘Forja’, mientras Tomás, ejerciendo de perfecto anfitrión, despedía a la banda y, antes de presentar a los siguientes, leía números al azar para entregar a quien cuya entrada coincidiera con éstos, los premios sorteados. Los grifos de líquido espumoso y aquellos otros a los que, es posible, se le agregan brebajes burbujeantes, escanciaban litros y litros mientras los siguientes, procedentes de aquella tierra a cuyos habitantes denominaron ‘magnos’, esto es, ‘grandes’, y más concretamente de ‘la ciudad blanca’, más tarde conocida con el apócope de la unión de dos nombres de un emperador romano, preparaban el escenario para, como ‘cambiapieles’, introducirse en el trash metal mezclado con la épica del metal clásico, “Warg”.


Javier Gregorio Salazar, voz; Luis Carlos Gallego, guitarra; Santi Gallego, bajo; Ruben Isla, batería; y Oscar Diaz, guitarra; ascendieron a su particular ‘tierra áspera’ y se lanzaron con fuerza a los siete temas del repertorio, “I am death”, “Sword in the darkness”, “As the Warg arise” “Fate of Kings”, “Ancient times”, “Time will hide” y “Loki”. Cual huardos, atacaron cada tema épico cual si recorrieran ‘Essos’ blandiendo espadas que podrían ser el bajo de Santi, inquieto y totalmente tomado por las cuatro cuerdas y la cadencia de Rubén, poseído por sus baquetas y sus bombos, mientras Luis y Oscar, intercambiando rasgados y punteos, asemejan encabezar la marcha hacia ‘Asshai’ guiados por la potente voz de Javi, cual si se tratase de un nigromante lanzando sus hechizos. Sortilegios que encandilaron y hechizaron a un público sorprendido ante la aparición de nuevo de Tomás sobre el escenario para continuar con el sortero. Tan absorbentes y, desde luego, llenos de calidad habían sido los siete temas de “Warg” que, inexplicablemente, su participación había acabado. Dejando al respetable completamente embargado y, casi, recorriendo ‘poniente’ y ‘Essos’ quizá a través de los ojos de huargo. Un recorrido, el provocado por “Warg”, atajado cuando, los cabeza de cartel, celebrando su séptimo aniversario, tomaron al asalto el escenario. “Drakum”.


Javi, voz y arpa; Feni, guitarra; Caleb, violín y coros; Üri Bokskog (flauta, gaita y coros; Marc, guitarra; Jose, bajo; y Xavi, batería; ataviados cual guerreros capaces de enfrentarse a Trolls, Goblins o Dragones comenzaron a atronar la sala con sus doce temas de Death Metal melódico de influencias paganas, un canto a la vida, la mitología, la fantasía, el alcohol, el paganismo y, por encima de todo, a la fiesta. Y, no sólo por la absenta y el güisqui repartido de la mano de Javi, el vocal, yendo por entre el público y vertiendo chorros de los espitosos brebajes en las bocas abiertas del público. Sino, por su música, por su apostura sobre el escenario, por el espectáculo que, desde principio a fin, dieron para un respetable ya rendido a su talento. “The wanderer”, “Troll recipe”, “Absinthe” y“Magic potion”, en “Wall of deadly trolls” ‘Shadow of time’ y ‘Spirit’, acompañados, sustituyendo en esos temas a José, por Raúl Romero, bajista de “Ravenblood”, otro Dragón de la diversión. Entre Cd’s regalados al público y, evidentemente, el movimiento y notas de ese violín, Caleb, capaz de dar ese toque folk creador, casi por si sólo pero, desde luego, totalmente en connivencia con el resto, de una mágica ambientación que transporta a alguna perdida posada situada entre frondosos árboles en cuya fachada rumian caballos y gruñe algún malhumorado Grifo. Continuaron con “Dancing lights”, “Drunk Troll”, “Torches will rise again”, “Whisky” y, a la par con la gutural voz de Dani, vocal de “Ravenblood”, el último tema, “Around the oak”. Arrastrando ya en éste tema a un público físicamente en la Sala Razzmatazz 2, pero mentalmente en esa perdida posada envueltos por la atmósfera tomada por el olor a sudor, leña quemada, comida y, sobre todo, el indescriptible pero siempre presente aroma de la diversión y la fiesta generadas por las tremendas composiciones de “Drakum”. Ovacionados en su despedida cual héroes de leyenda hasta la ascensión, una vez más, de Tomás, para continuar con el sorteo de cd’s, camisetas y posters de las bandas, mientras, los siguientes en ascender preparaban el escenario. Ajenos al caudal engestado y al humo exhalado por el boyante respetable, completamente vencido por el exitoso “WinterFesT”, a punto de llegar a su punto culminante, los más que recientes, no por ello nobeles, “Saltimbankya”.


Thanya Santos, “Geraldine/Esmeraldine Lenclos”, vocal y letrista; Xavi PascualEl malvado Mr. Folie”, voz gutural; Felipe CantarinoSharka- Payaso Loco”, guitarra principal; Jose A. Romero, “Mr. Scary-Domador de leones”, guitarra rítmica; Arnau ComaLanzador de cuchillos”, batería; Joaquim RieraAamon”, bajo; F. Javier Rodriguez, segundo letrista; y Saulo Roque, teclado; Iniciaron con una música circense que, inicialmente, sorprendió al público, mientras los instrumentistas se iban colocando, sorprendentemente sin trastabillar a causa de la provocada falta de luz, hasta que éstas toman por completo el entablado y aparece Thanya, es decir, Geraldine y comienza la ópera rock de Metal sinfónico. Una obra cantada consistente en once temas donde se narra el periplo de una mujer enamorada y sus problemas para conseguir el amor verdadero, interpretado para ésta ocasión por Martí, el vocal de “Forja”, dentro de un angustioso ambiente circense regido por “El malvado Mr. Folie”. “Masquerade”, un clásico argumental para nada encasillable con una puesta en escena arriesgada que, no hay duda, en ningún momento deja a un lado, no sólo el virtuosismo de sus músicos, sino la preponderancia por encima de todo de la música y el canto. Una grata sorpresa para un respetable que disfrutó con el punteo y rasgado en las seis cuerdas de Felipe o de José con su rítmica, la perfecta y contundente cadencia de Koga con sus baquetas y Joaquim golpeando las cuatro cuerdas. La espectacularidad de Saulo al teclado y, desde luego, las voces, de Thanya y Xavi, incluso cuando intercambian diálogos, y que, ésta vez sí, no se sorprendió ante la última aparición de Tomás sobre el escenario. Y no, porque “Masquerade” no les hubiese gustado, todo lo contrario, los aplausos y vítores finales fueron inagotables. Sino porque, es evidente, toda obra tiene un principio y un final y, éste, fue especialmente claro con “Saltimbankya”. Tomás, tras agradecer al público su asistencia, a cada edición incrementada por el número de asistentes, dio por finalizado el festival invitando a todos al siguiente. A buen seguro, tan plagado de herejes y paganos en busca de su particular aquelarre como el de éste año, en la no menos apóstata Sala Razzmatazz 2, “WinterFesT III” arremolinados compartiendo con deleite las premisas de las cuatro bandas heresiarcas “Drakum”, “Saltimbankya”, “Warg” y “Forja”.

Texto: Yon Raga Kender
Fotografías: Manuel Alférez